Aquellos tres muchachos y el niño que hace apenas ocho años se presentaban como austeros, sin trabajo, accesibles y sin rastro de prepotencia ni privilegio, hoy quizá representan el símbolo más acabado de la impunidad del poder en México.
Cuando Andrés Manuel López Obrador fue electo presidente, en su retórica engaña-bobos aseguraba que tenía un acuerdo con sus hijos: mientras él estuviera activo en la política, ninguno ocuparía cargos públicos ni recibiría beneficios. Prometía que no habría nepotismo y que la familia no se confundiría con el Estado.
Al llegar a la presidencia, aunque José Ramón, Andrés y Gonzalo, ya eran adultos y en edad de haber concluido sus estudios profesionales, sin empleo formal conocido, orbitaban alrededor de Morena, la empresa política del padre.
Lejos de lo que aseguraba, no solo participaron, sino que se convirtieron en piezas clave de un engranaje informal de poder que operó para obtener contratos de obra pública, influir en funcionarios, legisladores, gobernadores y para moldear decisiones del Estado conforme a intereses privados.
Una vida de opulencia
El primero que saltó a la fama por sus relaciones sospechosas y su estilo de vida fue José Ramón López Beltrán quien vivía en Houston en una residencia rentada por un contratista ligado a Pemex, inalcanzable para alguien que, poco tiempo atrás, según sus propias palabras no tenía dinero en la cartera.
Al escándalo de la Casa Gris se sumaron contratos correlacionados entre el mismo contratista y Pemex, vinculados con Carmelina Esquer, hija de Alejandro Esquer, exsecretario particular de AMLO y hoy senador. Ella como responsable de Suministros y Compras Internacionales en Houston, manejaba una de las carteras más sensibles de la empresa, la misma área donde operaban intermediarios y brókers, incluida la esposa de José Ramón, Carolyn Adams.
Imposible olvidar la fastuosa fiesta con que celebró el cumpleaños número 15 de su hijastra en Sinaloa, un estado marcado por el narcotráfico, rodeado de amistades incómodas, lujos y excentricidades.
José Ramón estudió en la Universidad de las Américas, campus Ciudad de México, institución de la que fue rector y dueño Alejandro Gertz Manero, ex “fiscal carnal”.
El hijo mayor de AMLO operó durante y después de la Presidencia de su padre con contratistas amigos en el Tren Maya, en la CFE y en diversas dependencias federales.
Andrés Manuel López Beltrán
De Andy poco queda por agregar. Viajes a todo lujo, socio de uno de los restaurantes más exclusivos de Nueva York, fotografías con la DJ más popular de Estados Unidos; lo que exhibe es una cartera exuberante y una vida de ensueño junto con sus amigos tabasqueños de toda la vida —todos convertidos en multimillonarios, primos incluidos— una red de corrupción que alcanza incluso a “La Barredora” y a su tío Adán Augusto López, operador político de AMLO.
Al intentar organizar a Morena, Andy terminó hundido y fracasando estrepitosamente entre viajes ostentosos y compras de arte en Tokio, nada que ver con el discurso oficial de austeridad republicana.
A pesar de todo, Andy sigue considerado por muchos como el heredero político de AMLO por ser el hijo con mayor influencia en el gabinete presidencial y por el papel central que tuvo desde la campaña, incluso en el manejo de recursos presuntamente ilícitos. Tema que se destapó con la filtración de una llamada que sostuvo con Yeidckol Polevnsky donde hablaban del financiamiento ilegal de Morena mediante empresas privadas.
Fue él quien, tras eliminar al Estado Mayor Presidencial, organizó la llamada “ayudantía presidencial” con amigos cercanos, muchos ex alumnos de la escuela Logos. Desde donde colocaron secretarios de Estado, subsecretarios, directores generales —incluido el SAT—, legisladores y funcionarios clave, además no solo controlaban contratos, diseñaban políticas públicas en función de intereses particulares.
Gonzalo ‘Bobby’ López Beltrán
La joya de la corona es Bobby quien supuestamente trabajaba en San Francisco para un equipo de béisbol, hasta que, por una especie de mandato divino, apareció como asesor honorario en proyectos ferroviarios. ¿Qué podía saber de trenes alguien sin estudios formales en la materia? ¿Qué capacidad tenía para intervenir en el Tren Interoceánico? Un proyecto fallido que ha costado la vida de decenas de mexicanos por negligencia. Eso sí, siempre rodeado de amigos empresarios neo millonarios, cuyas voces quedaron registradas para la posteridad en audios donde con cinismo decían: “Bueno, ya cuando se descarrile será otro pedo”. Por cierto, los negocios de Bobby y sus cuates, continúan ahora con Teleféricos.
El más pequeño de los 4
Ernesto tampoco escapó a la polémica. La historia que dos periodistas españoles revelaron sobre los intentos de su madre de rentar en La Moraleja, el barrio más caro de Madrid, y de planes de ingreso a universidades europeas los hicieron recular tras la exposición mediática; se conoció además su solicitud de nacionalidad española, algo paradójico, viniendo de quienes exigían a España disculpas históricas.
Ahora mismo, por ejemplo, México es país invitado en la Fitur y alcaldes, gobernadores y todo tipo de funcionarios desfilan por España bajo el pretexto de “promover el turismo”, en giras más de ocio que de trabajo.
Poder transexenal
Lo peor es que el poder de los hijos de AMLO en contratos y grandes obras del gobierno no ha cambiado, mantienen la misma influencia en el gobierno de Sheinbaum, como lo expuso Latinus: “No hay un caso grave de corrupción en México que no tenga el apellido López Obrador. El Clan está haciendo negocio con los trenes que anunció la presidenta Sheinbaum”.
Hoy por hoy, una de las mayores expresiones de impunidad son los hijos del expresidente que vociferaba por la honestidad. Solo comparable con los hijos de Marta Sahagún, pero, este nivel de cinismo no lo habíamos visto. Es una afrenta directa a los más pobres, a la supuesta austeridad y al “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”.
X: @diaz_manuel


