El documental dirigido por Brett Ratner y producido por Amazon MGM “Melania” (2026) llegó a las salas de cine como parte de la estrategia de Donald Trump de humanizar su presidencia, por cierto muy defenestrada debido a su belicismo, sanciones comerciales, acciones punitivas de todo tipo y su narrativa plagada de noticias falsas. En este sentido, “Melania” es quizá, una noticia falsa más, donde la primera dama cuenta a los espectadores acerca de los preparativos para la ceremonia de la segunda investidura del magnate el 20 de enero de 2025.
En el documental se presenta a una mujer, oriunda de Eslovenia, que tuvo una carrera como modelo y que, según la propia narrativa tiene un gusto exquisito para vestir. Sin negar que tiene dotes de modelo, quizá el documental falla en contar verdaderamente la historia de Melania, sus orígenes, cómo conoció al magnate, cómo se sintió en la primera administración de Trump y qué rol piensa que una primera dama debe cumplir en la alta política estadunidense. Si esto último es lo que el espectador espera del documental, es importante señalar que ese no es su objetivo. Antes bien, Melania habla poco, aparece en un par de ocasiones dialogando con Brigitte Macron (en videoconferencia) sobre los programas para ayudar a los desvalidos, huérfanos y otras caridades. Mismo caso cuando la reina de Jordania, Rania Al Abdullah se reúne con ella para analizar iniciativas conjuntas sobre programas educativos, agendas para apoyar a los jóvenes y temas conexos. El problema con esto no es ni Brigitte Macron ni la reina Rania Al Abdullah, quienes cuentan con una gestión bastante conocida sobre sus programas. En contraste, escuchar de Melania decir que desea dejar huella desempeñando un rol esencialmente circunscrito a la beneficencia mientras su marido ordena ataques contra diversos países y apoya a Israel, quien ha generado una crisis humanitaria en Gaza -que ha dejado mucho huérfanos, muertos, heridos y destrucción masiva de infraestructura- parece hasta de mal gusto.
¿Melania está de acuerdo con la política exterior de su marido? ¿Concuerda con desmantelar instituciones responsables de apoyar el bienestar de los estadunidenses como el Departamento de Saud y Servicios Humanos? ¿Está consciente de que al retirar a la Unión Americana de más de 60 organismos y programas internacionales responsables del apoyo a refugiados y migrantes, de cuidar el ambiente, la salud reproductiva, las campañas de vacunación, y un largo etcétera, contribuye ello a hacer del mundo un lugar más inestable y desigual?
El documental también es enfático en la figura de Barron, el hijo menor de Donald y Melania, nacido en 2006 y que hoy tiene 19 años. Inicialmente, el vástago era bastante apolítico y su figura, ahora en la segunda administración del controvertido republicano parece que es aprovechada para atraer a los jóvenes y mostrar al mandatario interesado en ese sector de la población. Es curioso que los demás hijos de Trump son omitidos en el documental: Eric apenas es visible en la seunda toma de posesión del controvertido republicano, ni qué decir de Ivanka, quien, se supone, es la hija consentida del magnate. Empero, para mitigar las acusaciones de nepotismo o insinuaciones de que alguien de su familia pudiera aspirar a sucederlo en la presidencia -como parece ser el caso con Eric, quien maneja varias de las empresas de la familia Trump- es que puso el acento en el joven Barron, a quien se aprecia tímido y por momentos atribulado ante toda la atención mediática que recibe.
Gran parte del documental está centrado en los preparativos para el vestuario que Melania usó en la segunda investidura de su marido, incluyendo el infame sombrero que le cubría parte del rostro y que en su lenguaje corporal parecía proyectar vergüenza, algo así como “ocultar la cara” para que no la vieran. También hay un espacio destacando al vestido que usaría para el baile en la cena para celebrar el triunfo de su marido y su llegada otra vez a la Casa Blanca.
“Melania” es la clase de documental que no tiene sentido ver, dado que forma parte de la megalomanía de Trump, donde se omite deliberadamente el rol desempeñado por primeras damas a quienes se recuerda en Estados Unidos y el mundo por su genuino involucramiento en agendas complejas, como los derechos humanos, la lucha contra las adicciones, la salud, y hasta la política exterior. En “Melania” ninguno de los temas centrales de política interna o exterior de Donald Trump es siquiera insinuado por la actual primera dama en algún diálogo con el mandatario, lo que la hace aparecer como un accesorio, alguien que está en la Casa Blanca porque es tradición, pero que no marca la diferencia ni objeta las decisiones del marido, mucho menos tiene algo qué decir.

Y a propósito de primeras damas notables, hay una lista que vale la pena traer a cuenta, sólo para mirar a Melania a la sombre de figuras que son recordadas en los libros de historia y por la población por su activismo y por quitarse de encima justamente el cliché de ser un cero a la izquierda del presidente en turno. Para comenzar, hay que recordar el caso de Edith Wilson (primera dama de 1915 a 1921), porque de hecho ella fungió casi como titular del poder ejecutivo a partir de 1919. Esto fue así porque, como se recordará, Woodrow Wilson sufrió un derrame cerebral que lo inhabilitó para desempeñar las funciones ejecutivas, por lo que fue ella quien se hizo cargo al punto de que es considerada como la “presidenta secreta.” Edith decidía que temas eran lo suficientemente importantes como para llevarlos a la atención del presidente.

Más tarde, Eleanor Roosevelt, quien se benefició de las presidencias sucesivas de Franklin Delano (1933-1945), es recordada por la defensa de los derechos civiles y por hacer notoria su presencia al lado de su marido. Cuando Franklin Delano murió ella redefinió el rol de las mujeres viudas al ser delegada de Estados Unidos en la Asamblea General de Naciones Unidas de 1945 a 1952 e incluso por su contribución a la redacción del texto para la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, además de pugnar por su aprobación.

Jacqueline Bouvier Kennedy Onasis (1961-1963), aunque tuvo una breve estancia en la Casa Blanca debido al asesinato de su esposo, su presencia fue notoria por llevar estilo y elegancia a la administración de John. Elevada al estatus de ícono de la moda, habiendo contratado al diseñador Oleg Casini para el diseño de su guardarropa, fue también la primera en nombrar una secretaria de prensa que le permitiera elegir cuidadosamente cómo lidiar con los medios de comunicación. Interesada en el arte, contribuyó a la remodelación de la Casa Blanca, además de que fue artífice de la creación los National Endowment for the Arts y el National Endowment for the Humanities que estableció formalmente Johnson.

Claudia Alta “Lady Bird” Johnson (1963-1969), es recordada por su apoyo a la agenda ambiental y a iniciativas para mejorar la calidad del agua, del aire y los márgenes de las carreteras mediante una legislación aprobada en 1965. Previamente fue clave para el ascenso de Lindon Johnson a las altas esferas políticas en Texas. Ya como primera dama interactuó de manera independiente con el Congreso logrando la aprobación de las iniciativas referidas. Muchos consideran que fue ella quien definió el papel de las primeras damas en el vecino país del norte, tomando la iniciativa y negociando con inteligencia.

Elizabeth Anne “Betty” Bloomer Ford (1974-1977), esposa de Gerald Ford, igual que Melania fue modelo por un tiempo. Pero esa es la única similitud con la esposa de Trump. Betty Ford defendió el derecho a la interrupción del embarazo y años después se convirtió en combatiente del alcoholismo, pero no sólo en términos de rehabilitación o prevención, sino especialmente para borrar el estigma existente en torno a esta enfermedad en el seno de la sociedad estadunidense. Así, en 1982 creo el Centro Betty Ford (hoy Fundación Hazelden Betty Ford) especializado en rehabilitación y tratamiento de adicciones en Rancho Mirage, California y que se propone impulsar tratamientos para lograr resultados de larga duración.

Hillary Rodham Clinton (1993-2001) como primera dama tuvo una clara y abierta interlocución con su esposo -y claro, alrededor del incidente con Monica Lewisnky que tensó a la familia presidencial- pero posteriormente desarrolló su propia carrera política, primero como senadora por Nueva York, luego como secretaria de Estado en la administración de Barack Obama y más tarde como candidata presidencial por el Partido Demócrata en 2017.

Michelle Obama (2009-2017) es la única mujer afrodescendiente en convertirse en primera dama de Estados Unidos, llegando a superar considerablemente la popularidad de su marido, debido a su formación (egresada de Princeton y Harvard), su carisma, sus relaciones públicas y la promoción de iniciativas para mejorar la salud y propiciar la activación física de la población. Seguramente los lectores recuerdan la presencia de Michelle Obama en el programa de Ellen DeGeneres donde realizó una rutina de baile y ejercicios al amparo de la iniciativa “Let’s Move!” y con el hashtag #GimmeFive donde bailó con la presentadora al ritmo de “Uptown Funk” de Bruno Mars. También en una entrega de los premios Oscar fue la encargada de anunciar, a la distancia, el galardón para la mejor película, “Argo”, en 2013. Claramente ella valoró y uso el poder suave en beneficio de la administración de su marido, pero con la suficiente independencia para desarrollar una agenda propia.
Los ejemplos mencionados son sólo algunos que diferencian a las primeras damas citadas de Melania. El hecho mismo de que el documental se titule “Melania” y no “Melania Trump” es parte de la estrategia de disociar al magnate agresivo y megalómano de su mujer, algo que, a todas luces, parece imposible. Lo que es más: el documentalismo es un género que ha merecido numerosas distinciones en casos como los de Mike Moore y Morgan Spurlock -para citar dos casos- al denunciar los abusos desde el poder y problemas sociales que merecen ser atendidos. “Melania” en contraste, es propaganda mal hecha a cargo de un cineasta, que tenía un historial medianamente interesante por producciones como “Red Dragon” (2002), “X-Men: the Last Stand” (2006) y “Hercules” (2014), además de haber financiado una buena cantidad de películas ganadoras de una veintena de galardones. Claramente “Melania” es un bache en su carrera, sin dejar de lado las críticas demoledoras recibidas (Rotten Tomatos le da apenas 9 puntos sobre 100 de aprobación), sin perder de vista que más de uno en Hollywood estará furioso ante esta producción tan torpe en momentos en que diversas estrellas de la meca del cine protestan por las acciones de Trump dentro del país -por ejemplo, las redadas de ICE en Minnesota- y sus políticas punitivas en el mundo.

