La salida de Marx Arriaga de la SEP por el profundo daño a la educación de México

En México, cuando se habla de educación pública, no hablamos de un tema lejano. Hablamos de nuestros hijos. De los cuadernos que llevan en la mochila. De lo que aprenden en la escuela del barrio, del ejido, de la ranchería. Hablamos de su futuro.

Por eso vale la pena detenernos un momento en lo que ocurrió ayer en la Secretaría de Educación Pública, despidió a Marx Arriaga, el funcionario que dirigió la elaboración de los nuevos libros de texto gratuitos.

Quizá usted no lo conozca de nombre, pero sí conoce su trabajo: los libros que llegaron a las escuelas con errores, con contenidos confusos, con páginas mal hechas y con una idea muy rara de lo que significa enseñar.

Hoy ese funcionario ya no está en su cargo. Y su salida dice mucho más de lo que parece.

Un funcionario que confundió la escuela con una trinchera ideológica.

Cuando la SEP le avisó que su puesto había terminado, Arriaga no reaccionó como un servidor público. Reaccionó como un militante. Dijo que lo “violentaron”, que lo “desalojaron”, que había “policías” y que todo era culpa de “intereses privados”.

Pero nunca habló de lo más importante, de
los libros que él dirigió y están llenos de fallas que afectan directamente a los niños.

En lugar de reconocer errores, prefirió inventar enemigos.
En lugar de escuchar a maestros y especialistas, los descalificó.
En lugar de corregir, se atrincheró.

Ese estilo no nació en México. Arriaga se formó en un modelo educativo importado de Venezuela, donde los libros de texto se usan para pelear batallas políticas, no para enseñar matemáticas o lectura. Allá aprendió que la escuela es un campo de guerra ideológica. Y quiso traer esa receta aquí.

Pero México no es Venezuela. Y las familias mexicanas no son ingenuas.

En las comunidades, en los pueblos, en las colonias, la gente sabe distinguir cuando algo está mal hecho.

Los maestros lo dijeron.

Los padres lo dijeron.

Los especialistas lo dijeron.

Y ahora, con su despido, la propia SEP lo está diciendo también.

La salida de Arriaga no es un pleito personal. Es un mensaje hacia
el experimento ideológico que metieron en los libros de texto gratuitos y que ya no es sostenible.

Hasta nunca y que jamás regrese, su salida no paga el daño incalculable que le hizo a la educación de México en lo económico y en lo moral.

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