Imágenes satelitales de Sentinel-1 y Sentinel-2 revisadas por ex trabajadores de Pemex muestran remanentes compatibles con hidrocarburo en la zona de Cantarell; el hallazgo contradice la narrativa de control del derrame y apunta a una contaminación residual, dispersa y aún activa en el Golfo de México.
A tres meses del derrame petrolero que Pemex primero negó y después terminó por reconocer, nuevas imágenes satelitales vuelven a poner bajo lupa la versión oficial de que la situación se encuentra controlada, pues en la zona marina de Cantarell siguen apareciendo manchas compatibles con crudo, visibles desde el espacio.
Un reporte técnico elaborado por ex trabajadores de Pemex, a solicitud de este periodista, concluye que el evento no se encuentra en una fase de remediación final, sino en una etapa de “contención parcial y degradación progresiva”.
El documento advierte que el hidrocarburo no habría desaparecido, sino que se mantiene redistribuido entre la superficie marina y el fondo marino, con posibles impactos crónicos sobre ecosistemas del Golfo de México.
La imagen más reciente, captada por el satélite Sentinel-1 el 4 de mayo de 2026, muestra una superficie marina con infraestructura offshore en la zona Cantarell y una franja oscura alargada cercana al centro de la escena. De acuerdo con el análisis técnico, esa forma de baja retrodispersión es característica de una mancha de hidrocarburo, debido a que el petróleo reduce la rugosidad del mar y atenúa la señal del radar.
El hallazgo es relevante porque llega después de que el Gobierno federal admitiera, el 16 de abril, que el derrame originado desde febrero provenía de infraestructura de Pemex. Según reportes públicos, la fuga fue ubicada en un oleoducto de 36 pulgadas en inmediaciones de Abkatún-Cantarell, luego de semanas de versiones oficiales que minimizaron o rechazaron el origen petrolero del evento. Tres funcionarios de Pemex fueron separados de sus cargos tras la investigación.
Una secuencia contaminante de tres meses

El 14 de febrero, una imagen SAR de Sentinel-1 identificó una pluma principal de aproximadamente 53 kilómetros de longitud y una afectación estimada de 35 kilómetros cuadrados, además de una segunda mancha de 13.2 kilómetros de largo y 44 kilómetros cuadrados de afectación. La geometría de los slicks, sus ramificaciones y su cercanía con instalaciones petroleras fueron interpretadas como evidencia de un evento activo de contaminación marina.
Sin embargo, aunque la información es pública y Pemex paga millones de dolares por el servicio de monirtoreo satelital, la empresa se dedicó a negar responsabilidad en el derrame.
Para el 14 de marzo, cuando oficialmente el derrame ya debía estar controlado, una imagen óptica de Sentinel-2 mostró todavía una mancha alargada de tonalidad oscura y textura lisa, extendida desde las inmediaciones de plataformas offshore y alineada con la dirección de las corrientes. El documento técnico concluye de forma directa: “el derrame continuaba a esa fecha”.

El 26 de abril, otra escena de Sentinel-2 reveló una mancha difusa de hidrocarburo y trazos lineales blancos dentro del área afectada. Los especialistas que elaboraron el reporte los consideran compatibles con patrones de aspersión aérea o marítima de dispersantes químicos. Esa intervención, advierten, puede fragmentar el hidrocarburo y reducir su visibilidad superficial, pero no elimina el contaminante: lo redistribuye en la columna de agua.
La distinción que plantea el analisis de esa imagen es central. Una mancha menos visible no equivale necesariamente a un mar limpio.
Uso de químicos, riesgo ecocida
En términos ambientales, el uso intensivo de dispersantes puede cambiar el problema de lugar: de la superficie, al interior del ecosistema marino. El reporte advierte riesgos para peces, plancton, corales y sedimentos, por lo que recomienda monitoreo continuo con radar satelital, imágenes ópticas y verificación directa en sitio.
Muchas preguntas sin respuestas
La nueva evidencia satelital abre una pregunta que Pemex y las autoridades ambientales deben responder con datos públicos: si el derrame fue controlado, ¿por qué siguen apareciendo formas compatibles con hidrocarburo en la zona de Cantarell tres meses después?
Hasta ahora, la información técnica disponible apunta a un escenario más delicado que el de un incidente cerrado. El derrame habría pasado de una gran mancha superficial visible en febrero a una contaminación residual, fragmentada y persistente en mayo.
No se trata ya de probar si hubo derrame. Eso fue admitido por el propio Gobierno. La pregunta ahora es si Pemex ha dicho toda la verdad sobre su duración, su extensión real, el uso de dispersantes y el daño acumulado en el Golfo de México.
⚠️El problema del derrame de crudo proveniente de Cantarell continúa en el Golfo de México.@audelinomacario revela que, con base en fotografías satélites del 4 de mayo, se aprecian varios kilómetros de longitud de área afectada.
“Pemex pareciera hacernos creer que su actuación… pic.twitter.com/wx0btQ2r6S
— Azucena Uresti (@azucenau) May 5, 2026

