“Los mismos tiranos encuentran muy extraño que los hombres puedan tolerar a un individuo que les causa mal; se desempeñan mucho en ponerse por delante la religión, como guardia personal, y de ser posible, en tomar algunos destellos de la divinidad para conservar esa perversa vida”.
Etienne de la Boétie
Etienne de la Boétie es un autor que se inmortalizó tras haber redactado en el siglo XVI un ensayo cuyo título fue “Discurso sobre la servidumbre voluntaria” donde él explicaba, a partir del análisis del ejercicio del poder de su época, cómo existía una “entrega voluntaria” por parte de la población para servir al tirano en turno, por causa de la educación, los mitos, la religión y un entramado de complicidades que gesta el propio gobernante. Este revolucionario discurso que ha trascendido siglos mantiene vigencia inusitada a nivel mundial en diversos territorio y el México de la narca transformación no es la excepción.
En el año 2018, después de peregrinar durante tres décadas, el falso ídolo de Macuspana logró someter al electorado y con su espejismo democratizador y popular provocó la entrega voluntaria de esa servidumbre, aparejada del resentimiento y el hartazgo de millones de personas que corrieron a los brazos del criminal demagogo.
En este punto, el lector podría detener la lectura y perfectamente por sí mismo contrastar la obra de La Boétie con el México que vivimos y daría con interesantes y contundentes conclusiones; sin embargo, no es motivo de análisis la servidumbre voluntaria de los acólitos de la transformación y de los engañados de la transformación este texto.
Como todo juego de vocablos permite ciertas licencias para mantener el foco de atención del lector en las épocas de las explicaciones no pedidas en videos cuya duración no rebasan los dos minutos, la parte central de esta columna es hablar de la servidumbre involuntaria, sí, esa servidumbre que de facto entregaron a causa de la violencia los 115 millones de mexicanos que nunca votaron ni votarán el proyecto destructor del Estado mexicano.
La servidumbre involuntaria de 115 millones de habitantes; y de hecho, de 128 millones en estricto sentido, es la servidumbre para los poderes fácticos que dominan y gobiernan en más de la mitad del país. La servidumbre involuntaria de personas que viven bajo amenaza de morir día a día si no entregan el fruto de su trabajo; la de personas que no saben si sus hijos regresarán a salvo de sus escuelas; la de personas que viven encerradas y enclaustradas sin importar su clase social por la inseguridad; la servidumbre de quienes nunca encontrarán a los familiares que les arrebataron; y así se puede seguir. Es decir: una nueva esclavitud.
Jamás fue voluntario —ni así hubiera sido— entregar la cotidianidad del imperfecto y joven país en el que se vivía. Eso hicieron quienes hoy enfrentan la realidad y la presión de los Estados Unidos y quienes desde hace tres semanas viven el derrumbamiento de su ignominioso y grotesco proyecto político.
El farsesco tirano de Macuspana, el esquizofrénico, el carnicero tropical —un millón de muertos durante su gobierno—, es el arlequín que engañó y sometió la voluntad de los mexicanos; ahora su partido político en fase terminal debe enfrentar la justicia nacional e internacional.
Finalmente, el México de la reconstrucción y la reconciliación no puede ser uno de servidumbres voluntarias o involuntarias sino uno de responsabilidades compartidas. México es de todos o es de nadie. Hay que comenzar por fomentar la comprensión del real lugar que cada ciudadano tiene en este gran país, su razón de existir en relación a sus símiles, de allí se comenzará a trascender la larga noche resentimiento que se extendió por ocho años.
Lo que viene nos necesita unidos. Es por México.
Bismarck Izquierdo Rodríguez
Secretario de Cultura del CEN del PRI
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