Trump y el populismo de las celebridades

Es común leer análisis y referencias sobre el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las que se enfatiza que carece de ideología, que es oportunista, impredecible, visceral, si bien estos calificativos no son precisos. De hecho, Donald Trump tiene una ideología nacionalista -como ha ocurrido con todos los presidentes de Estados Unidos. Empero, la diferencia con administraciones precedentes radica en que si bien aparentemente sus ideas son vagas –i. e. hacer a Estados Unidos grande otra vez (MAGA); primero Estados Unidos (America First)- no sólo se mantienen en un terreno discursivo, sino que las traduce en políticas como las del muro fronterizo, la imposición de aranceles, la persecución de migrantes, la ridiculización de mandatarios -sobre todo de países aliados, al igual que de figuras políticas dentro del propio EEUU- y un largo etcétera.

En este sentido, Donald Trump no es ni realista, ni liberal, ni conservador. En realidad, él emplea lo que autores como Brenon O’Connor de la Universidad de Sidney caracterizan como populismo de las celebridades. Al respecto, se tienen casos de personas que proceden de ámbitos distintos al político como influencers, actrices/actores, deportistas, músicos, empresarias/os, quienes proyectan ante las audiencias los beneficios de ser externos al corrompido mundo de la política -así lo dicen- y se proponen ganar credibilidad por este simple hecho. La lista es cada vez más larga, pero se pueden mencionar personajes como el político ugandés Kyagylanyi Ssentamu; el haitiano Michel Martelly; el esloveno Marjan Sarec; y el pakistaní Inram Khan; entre otros.

Algunas características del populismo de las celebridades incluyen la manera en que enfatizan la narrativa anti-élite, en el sentido de que exaltan que los intereses del pueblo son hechos a un lado por una clase política corrupta y que sólo ve por sus intereses instrumentales particulares. Asimismo, el populismo de las celebridades pone el acento en la forma, no en el fondo, de manera que importa más el carisma personal sobre los genuinos desafíos y sus posibles soluciones. El populismo de las celebridades plantea que, aunque los problemas son complejos, su solución es sumamente sencilla -cuando en la mayor parte de los casos no es así.

Otro rasgo específico del populismo de las celebridades es el empleo de canales no tradicionales de comunicación, distinto al que ofrecen los partidos políticos -que de todos modos están muy desprestigiados-, por ejemplo, mediante sus redes sociales, para conectar directamente con sus seguidores, de manera que ello da lugar a la creencia de que éstos se pueden comunicar directamente con el líder y ser escchados sin intermediarios.

Los casos que ejemplifican al populismo de las celebridades no se limitan a Donald Trump, La atención que ha recibido el controvertido empresario, deriva de que gobierna a uno de los países más poderosos del mundo. Su fama procede de apariciones y cameos en diversas series y programas de televisión como Mi pobre angelito, El príncipe del rap, La niñera, Sex and the City, entre muchos otros. Se trata de películas y series de enorme éxito, de manera que, si bien la presencia de Trump fue breve, no pasó inadvertido y el público se acostumbró a verlo. Por supuesto que esta experiencia le sirvió para el reality The Apprentice que protagonizó y produjo en 2004 para la cadena NBC.

The Apprentice consistía en una competencia donde los concursantes buscaban un puesto directivo en una de las empresas de Trump, y cada episodio terminaba con su frase característica: “¡Estás despedido!”. Trump también creó y produjo un programa que operó a manera de secuela con celebridades, The Celebrity Apprentice, que se transmitió en 2008.

Autores como Berto Šalaj y Marijana Grbeša sugieren caracterizar al populismo para, a continuación, tener elementos de análisis más definidos respecto al populismo de las celebridades. Ellos identifican cinco rasgos propios del populismo, a saber: como una forma específica de organizar partidos políticos; como la movilización de sectores sociales normalmente marginados en acciones políticas visibles y controvertidas, al tiempo que se articula una retórica nacionalista y anti-élites que enaltece a personas comunes y corrientes; como un estilo de comunicación política; como un marco discursivo; y/o como una ideología política.

En el análisis del populismo se ha puesto el acento especialmente en la última característica referida, esto es, el populismo como ideología política. Esta acepción es particularmente interesante, debido al cariz polarizador que posee. Así, el populismo se erige en una ideología que considera que la sociedad está dividida en última instancia en dos grupos homogéneos y antagónicos: ‘el pueblo puro’ -el ‘pueblo bueno’, diría cierto expresidente de México- frente a ‘la élite corrupta’, por lo que la política debería ser una expresión de la voluntad general del pueblo.

Además de Trump, el populismo de las celebridades queda de manifiesto en otros personajes, que, aprovechando la fama adquirida en profesionistas distintas de la política, han logrado colocarse, tras procesos electorales, en posiciones de poner. El actual presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky es un ejemplo. Zelensky se presentó en las elecciones de 2019 como el candidato de su partido Servidor del Pueblo nombre usado en la serie homónima de Netflix en la que Zelensky interpretaba a un profesor que se postulaba a la presidencia. Cuando anunció su candidatura a la presidencia de Ucrania en YouTube y otras redes sociales en la vida real, Zelensky afirmó que ejercería la presidencia como un “servidor del pueblo” en la lucha contra la corrupta élite política ucraniana. En abril de 2019, Zelensky derrotó al entonces presidente Petro Poroshenko en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, obteniendo el 73 por ciento de los votos. Asimismo, su partido obtuvo el 43 por ciento de los escaños en las elecciones parlamentarias de junio, es decir, 254 de un total de 450, asegurándose así también una clara mayoría parlamentaria. Claro que la invasión de Rusia de febrero de 2022 le ha significado un enorme reto, pero como hombre acostumbrado al manejo de medios, ha logrado impulsar una campaña global aprovechando sus dotes histriónicas, buscando el apoyo del planeta a su causa. Zelensky, por cierto, entre otras andanzas, fue la voz de Paddington, el adorable osito peruano avecindado en Londres, en lengua ucraniana.

En el mismo año en que Zelensky se postuló para la presidencia en Ucrania, Miroslav Škoro, uno de los cantantes y artistas croatas más famosos, y quien hubiera sido cónsul general en Hungría, publicó un video en YouTube en el que anunciaba su candidatura a las elecciones presidenciales de 2019-2020. En esa ocasión, señaló que pretendía ser un instrumento de la sociedad en la lucha contra las élites políticas croatas establecidas, que se habían alejado del pueblo y que solo se preocupaban por sus intereses partidistas. Su candidatura fue apoyada por grupos de ultraderecha y anti-establishment. En los comicios presidenciales quedó en tercer lugar y en julio de 2021 optó por retirarse de la política y continuar con su carrera musical.

Jimmy Morales, actor y comediante guatemalteco, saltó a la fama mediante un programa de televisión llamado Moralejas, coproducido por su hermano. Con el lema “ni corrupto ni ladrón” desarrolló su campaña, aprovechando el descontento de la población con los políticos tradicionales como Otto Pérez Molina, acusado de corrupción y que posteriormente fue encarcelado, en tanto Morales hizo campaña prometiendo un cambio. Morales resultó convincente a los ojos de los electores por su mínima experiencia política y por su extracción no plutocrática. Sin embargo, generó inquietud la indefinición ideológica del candidato y el pasado reciente del partido que lo postuló, el Frente Convergencia Nacional (FCN-Nación), fuerza política fundada por antiguos altos mandos militares veteranos de la lucha contrainsurgente y de posiciones derechistas duras. El mandatario tras su victoria se definió como “un político diferente” y un “hombre de fe” con una sola ideología, “el nacionalismo”. Con todo, su gestión fu controvertida, en especial porque pretendió expulsar del país a la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), lo que generó fuertes fricciones políticas y protestas ciudadanas. AL dejar la presidencia se convirtió en parlamentario del Parlamento Centroamericano (Parlacen).

El filipino Joseph Estrada abandonó la escuela a temprana edad y se hizo famoso como estrella de películas de serie B, interpretando el papel de héroe de los oprimidos. Esto se tradujo en un amplio apoyo popular cuando decidió desarrollar una carrera política en su país. Simpatizante del dictador Ferdinando Marcos, Estrada fue alcalde de San Juan, un pequeño pueblo en la región de Manila, durante casi 20 años antes de ganar un escaño en el Senado filipino en 1988. Fue elegido vicepresidente en 1992 y en las elecciones presidenciales de 1998, Estrada ganó por amplia mayoría, con el lema Erap para sa mahirap (Erap para los pobres). Estrada era conocido popularmente como “Erap”, la forma invertida de “pare”, jerga filipina que significa amigo o compañero. Dos años después de asumir el cargo, Estrada fue destituido por la Cámara de Representantes tras ser acusado de acumular ilegalmente alrededor de 85 millones de dólares, robar de las arcas del Estado y aceptar sobornos de operadores de juegos de azar ilegales. Fue condenado a cadena perpetua pero su sucesora, Gloria Arroya le otorgo un perdón y ahora es legislador.

Antes de asumir la presidencia de Argentina, Javier Milei condujo su propio programa de televisión llamado Demoliendo Mitos, el cual se emitió entre 2017 y 2022. Además de este ciclo, tuvo una participación muy activa y recurrente como panelista y columnista estrella en diversos programas de la televisión argentina, como Animales Sueltos, Intratables y 1+1=3. Su estilo histriónico, caracterizado por fuertes críticas a la “casta política” y al gasto público, lo catapultó como un fenómeno mediático que eventualmente trasladó a las urnas. Se identifica ideológicamente como libertario y anarcocapitalisto, y ha ganado gran notoriedad global por su estilo frontal, sus reformas de desregulación económica y su uso frecuente de la inteligencia artificial.

A pesar de las pifias en que han caído la mayor parte de las celebridades devenidas en políticos, el fenómeno se repite en las más diversas latitudes demostrando la fatiga del electorado respecto al business as usual, el desgaste de los partidos políticos, la percibida corrupción de las clases políticas y la crisis de las instituciones. Existen problemas profundos para los que las soluciones propuestas por las celebridades populistas casi siempre son superficiales, porque más preocupadas por agradar al electorado que por enfrentar las dificultades estructurales. Ello hace indispensable estudiar y entender el populismo de las celebridades, dada su trascendencia en el mundo de hoy.

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