La semana pasada el embajador Roberto Lazzeri cometió un error diplomático al presentar unas cartas que le fueron devueltas, en función de unas observaciones que se hacían respecto de la forma de actuar del gobierno de Estados Unidos. Posteriormente, la propia embajada dio su versión de los hechos y remarcó que señalaba a una empresa privada como el objeto en su comunicación. Como ya es costumbre en la falsa transformación, unos tienen unos datos y los otros, vaya, otros datos.
Por más que se intentó que pasara desapercibido el error en el plano nacional, varios medios y especialistas internacionalistas retomaron el desliz del embajador. En el marco de la tensión creciente en la relación entre México y Estados Unidos por causa de las peticiones de extradición no atendidas, entre varias más, de nuevo el gobierno mexicano y su diplomacia cometen errores por tener como titulares a personas que no son especialistas en relaciones internacionales ni tienen experiencia en carrera diplomático-consular.
No sobra decir que si esta pifia hubiera sido efectuada por el “antiguo régimen” ya hubieran salido los eternos opositores —que no se dan cuenta que llevan 7 años gobernando— a descalificar el actuar de los representantes mexicanos.
Asimismo, en este contexto, las contradicciones internacionales prevalecieron y al final la presidente Claudia Sheinbaum debió asistir a la clausura de la Copa Mundial de Fútbol aún y cuando ella dijo que dicho evento que no lo haría, tras justificar su postura en reiteradas ocasiones.
Lo que dejó su visita a Nueva York, de la mano de Roberto Velasco, fue, de nuevo, una vergonzosa postal de ambigua sumisión. Ambigua sumisión, puesto que desde el atril de palacio nacional habla de la defensa de la soberanía pero frente a sus homólogos sonríe y se toma fotos y busca ser retratada como una mandataria a la cual no se le está incendiando su país.

Allí queda el testimonio del sonriente y también novato Roberto Velasco, quien no perdió la oportunidad de retratarse con el Secretario de Estado, Marco Rubio, ya que desde su nombramiento no se les había visto juntos. La urgencia oficial por tratar presencialmente con los altos mandos del gobierno Trump fue atestiguada el fin de semana pasado. Las fotografías principales mostraron a una presidente separada a un lugar de distancia de su homólogo estadounidense y a un canciller que aún no ha sido recibido formalmente por su par.
A juicio de este autor, difícilmente se verá a la presidente y al secretario de Relaciones Exteriores con sus pares en recintos oficiales en territorio estadounidense. Si la diplomacia está en manos de “novatos” habrá resultados de “novatos”.
El país continúa incendiándose y los “aprendices” de la transformación persisten en los cargos más relevantes del gobierno mexicano. El problema es que la política interna del “noventa por ciento lealtad y diez por ciento capacidad” está llevando al país a un punto de no regreso. Eso lo sabe Estados Unidos, eso lo saben los mexicanos y eso lo saben, aunque finjan demencia, los acólitos del oficialismo.
México necesita expertos y gente probada para lo que viene por encima de ideologías y partidos. Si no hay apertura para los desafíos que se avecinan se estará materializando el peor escenario posible para nuestra nación. Ojalá que no suceda. El reloj de arena no se detiene.


