Steven Spielberg no deja de sorprenderme. Lo mismo puede hacer joyas como "La lista de Schindler" (Schindler's List) (1993) que la película de la que quiero hablar hoy, "Puente de espías" (Bridge of Spies) (2015), a la vez que nos presenta películas para la diversión, plagadas de efectos especiales, como "Parque Jurásico" (Jurassic Park) (1993) y "Mundo jurásico" (Jurassic World) (2015). A sus 69 años, este nativo de Cincinatti está más allá del bien y el mal, incursionando en géneros muy diversos. Sus películas han producido ingresos en todo el mundo del orden de los 9 mil millones de dólares, lo que lo ha convertido en el cineasta más rentable de la historia.
En esta ocasión quiero compartir mis impresiones sobre "Puente de espías", dirigida por Spielberg y cuyo guión recayó en Matt Charman con la colaboración, siempre fascinante, de los hermanos Ethan y Joel Cohen.
Esta superporducción está ambientada en la guerra fría y es, como lo sugiere el título, una historia de espionaje y de hombres de honor en una época en que en Estados Unidos imperaba el macarthismo y cualquiera que fuera identificado como "rojillo" era condenado por las autoridades y la sociedad. Esta historia, inspirada en hechos reales, se refiere al incidente del avión U-2, comandado por Francis Gary Powers, el cual debía tomar fotografías de instalaciones estratégicas en el territorio soviético y que fue derribado por la URSS. El piloto fue arrestado. Mientras tanto, un espía soviético, Rudolf Abel, es arrestado por la Oficina Federal de Investigación (FBI) de EEUU, y el gobierno solicita al abogado James B. Donovan (Tom Hanks), la defensa de este personaje.
Donovan es un hombre de honor, pero se enfrenta al hecho de que, aun cuando el arresto de Abel es inconsistente con los procedimientos judiciales estadunidenses, su cliente es condenado a pasar 30 años en prisión. Claro está que Abel iba a ser condenado, como pasó con los Rosenberg, a la silla eléctrica, pero Donovan se aseguró de negociar un cambio en la sentencia para Abel, pensando en que tal vez, algún día, un ciudadano estadunidense pudiera enfrentar la misma situación en la URSS y por lo tanto, su cliente podría ser la moneda de cambio. Y así sucedió.
Cuando Powers, piloto entrenado por la CIA, es arrestado por los soviéticos, el gobierno estadunidense se apresura a solicitar los servicios de Donovan para negociar su liberación a cambio de entregar a las autoridades de Moscú a Abel. Donovan acepta participar en las negociaciones, para lo cual debe viajar a Berlín oriental a efecto de hablar directamente con el director del KGB sobre el particular. Un tema adicional que Donovan quiere desahogar, es el arresto, por parte de las autoridades alemanas orientales, de un joven estudiante estadunidense, Frederic Pryor, quien fue encarcelado cuando intentaba escapar a Berlín occidental con su novia en el momento en que se estaba construyendo el famoso Muro de Berlín.
Aquí la historia se torna fascinante: la CIA sólo desea intercambiar a Abel por Powers, pero Donovan, quiere que en las negociaciones se incluya también al joven estudiante Pryor. La habilidad negociadora, el colmillo de Donovan llevan a que se salga con la suya y que logre un 2 X 1, es decir, que los soviéticos entreguen a Powers, que los alemanes orientales entreguen a Pryor y que Estados Unidos dé a cambio a Moscú a Abel. El título de la película hace alusión al Puente Glienicke, que es donde Abel fue intercambiado por Powers (la liberación de Pryor ocurrió en el célebre Checkpoint Charlie).
Cabe destacar que al final de la película, se menciona que un poco después, cuando se produjo la Revolución Cubana y Fidel Castro retuvo a poco más de mil estadunidenses tras la invasión de Bahía de Cochinos, el Presidente Kennedy solicitó a Donovan negociar con Castro la liberación de los rehenes, cosa que el avispado abogado logró en una proporción significativa (más de 900, incluyendo mujeres y niños).
La película es ágil, mantiene al espectador al filo de la butaca con una cinematografía y ambientación muy cuidadas y con la música de Thomas Newman. Al igual que ocurrió con "La lista de Schindler", donde Spielberg nos cuenta otra historia sobre el genocidio de los judíos en la segunda guerra mundial, mostrándonos a un alemán "bueno" (el empresario Oskar Schindler) y a judíos "malos" (que ayudaron a los nazis a identificar a otros judíos que serían remitidos a campos de concentración), en "Puente de espías" Spielberg relata la importancia del honor y la ética, no sólo en el caso de Donovan, que sin importar si su cliente es o no culpable de lo que se le imputa, desea hacer cumplir la ley de manera imparcial.
Estos temas de honor y ética no empiezan ni terminan en Donovan: Abel, el espía soviético, también es un hombre de honor. Cada vez que Donovan le pregunta si está angustiado o preocupado por lo que le podría suceder, Abel responde :"¿realmente eso haría la diferencia?". Powers, el piloto arrestado por los soviéticos, aunque es torturado y amenazado, no da ninguna información a sus captores ni sobre los aviones U-2 ni sobre la CIA. Por supuesto que es muy difícil saber, en la vida real, qué tan cierta es la honorabilidad de Abel y Powers, pero lo cierto es que el espionaje, al menos en esta película, es humanizado y contrastado con los intereses políticos, a los que poco importan la ética y la honorabilidad frente a la competencia y la lucha por el poder que protagonizan Estados Unidos y la URSS.
De Tom Hanks sólo puedo decir que ha madurado como actor y que se encuentra a años luz de caracterizaciones burdas como aquella en la que encarna a un niño que pide el deseo de ser grande en "Quisiera ser grande" (Big) (1987) dirigida por Penny Marshall. Hoy Hanks se desenvuelve como uno de los grandes histriones de Hollywood, con solvencia y madurez.
La película, como documento histórico, se toma sus libertades y desviaciones sobre acontecimientos reales, como suele pasar con Hollywood, pero aun así es un testimonio digno de análisis de una época, la guerra fría, sobre la queno todo está dicho. A ver sin falta, especialmente por quienes se interesan en el análisis de la política mundial, el juego de las superpotencias y la guerra fría. Y perdón por reiterarlo, pero todavía no alcanzo a explicarme cómo puede Spielberg estrenar en un mismo año, una película como ésta junto con "Mundo jurásico." Yo me quito el sombrero ante Spielberg.
