Basave se traga sus palabras

El más agudo de los perredistas de hoy, el senador Miguel Barbosa, describió a la perfección la esgrima baladí de Agustín Basave con su carta (que no fue) de dejación de responsabilidades como dirigente nacional del PRD: “Renunció a la renuncia el renunciador”.


Barbosa fue más allá y le dio un consejo gratuito a Basave: “Presionó con amagos para lograr las alianzas con el PAN. Yo lo apoyo, pero tiene que ser más cuidadoso con actitudes de este tipo, porque así no se construyen los liderazgos”.


Pero ¿con qué partido se quedó Basave como Presidente? Veámoslo según extractos de su propia carta de renuncia a la que renunció después:


—Existe la injerencia de diversas instancias gubernamentales al interior del partido y las luchas por el control interno y por la interlocución con el gobierno, que hoy están desgarrando al PRD.


—En realidad (en el partido) no hay conciencia de la terrible situación política que vivimos.


—La verdad es que existe (en el PRD) una disputa por jirones de nadería. —No existen las condiciones para que yo pueda encabezar un partido de verdadera oposición.


—Las dos (alianzas) que se aprobaron (hasta el momento de la carta Zacatecas y Durango), responden a intereses tribales, no partidarios. Se eligieron entidades con dos criterios: beneficiar a una corriente y no contrariar al PRI-gobierno.


—La segunda corriente del partido, ADN (de Héctor Bautista), me ha convertido deliberadamente en parte del conflicto y me ha imposibilitado ejercer el papel de árbitro que me corresponde.


—La expresión que más me impulsó a la Presidencia (ADN) me empuja a renunciar.


—Aún si se pudiera resolver el actual diferendo (no renunciar), yo quedaría en una posición insostenible, con una gobernabilidad precaria, tendría al menos cinco miembros del CEN dispuestos a sabotearme, empezando por el secretario de Organización (Camerino Márquez).


—Por respeto a mí mismo debo renunciar.


—Que me sustituya quien tenga los instrumentos para solucionar esta enésima reyerta interna, quien tenga apoyo para meter en razón a las partes en pugna.


—Yo ya no puedo hacerlo.


—No creen que pueda haber una persona en el PRD sin el chip tribal, y por tanto yo, aunque he sido aliancista desde hace muchos años, soy incapaz de tener mi propia idea.


—No estoy dispuesto a presidir a medias un partido, y menos a conducirlo al abismo, a donde en mi opinión se dirigirá si el acuerdo de alianzas no se decide en Benjamín Franklin sino en Bucareli.


—Si otros quieren convertir a nuestro partido en un satélite del PRI, que pese sobre su conciencia.


Con ese PRD se quedó Basave:


Un partido que se disputa “jirones de nadería”.



Este artículo fue publicado en La Razón el 13 de Enero de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página

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