La historia de fascinación de la actriz Kate del Castillo con el narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán recuerda uno de los mejores cuentos de Julio Cortázar, en el que un pajarito tropical se descubre en el espejo retrovisor de un coche y quiere entrar para reunirse adentro con el otro pajarito que ve.
Kate del Castillo se impregnó tanto de la psicología de su personaje Teresa Mendoza, en la telenovela La Reina del Sur, que quizá por esnobismo (al principio) le provocó acercarse a los narcos y, al parecer por convicción (al final) acabó entrando al mundo del crimen.
Como el pajarito de El otro Narciso, Kate del Castillo se descubrió en el espejo.
Es un texto deslumbrante y es un destello del episodio morboso desatado por la relación de la actriz con el capo: en el cuent, el pajarito (igual que Kate en la vida) se sostiene en el aire frente al espejo y la dureza de éste lo obliga a buscar siempre la entrada.
La avecilla se sorprende cuando deja de ver a la otra mientras la va a buscar en la parte de atrás del retrovisor. No entiende qué sucede. Enfrenta de nuevo el espejo y, viendo a la otra idéntica, se precipita contra el reflejo y, otra vez rechazada, debe subir hasta posarse, desconcertada, en el borde.
Entonces se obsesiona y busca encontrarse con el otro pajarito de forma obstinada: sube y baja, revolotea frente al retrovisor hasta que vuela hacia el bosque y se pierde en el follaje, decepcionado por el espejo engañoso y, entre las ramas, olvida su ansiedad y su deseo.
Cuando la ficción parece acabada, el genio de Cortázar trae nuevamente al pajarito.
Y lo coloca una ocasión más frente al espejo, para que se desconcierte otra vez cuando deje de verse y recomience su choque inútil, salte al borde del retrovisor, descienda y vuele empecinado, alucinado, enamorado.
Sin embargo, en la historia del momento en la vida política mexicana (la de la fascinación malsana de una actriz por un delincuente) Kate del Castillo sí cruzó el espejo y encontró del otro lado su alter ego: la narca de invención Teresa Mendoza, que tanta notoriedad le dio en la vida real.
Arturo Pérez-Reverte, autor de la novela homónima que dio la idea para la exitosa telenovela, lo explica así:
“Kate es tan buena actriz que hizo un trabajo de integración del personaje tan intenso que nadie puede salir psicológicamente indemne de ese ejercicio. Aunque es una actriz y una mujer civilizada e inteligente, tras esos setenta episodios rodados en la telenovela jamás podrá ver al narco desde fuera”.
Tiene razón. No pudo ver más al narco desde fuera.
Y se metió.
Este artículo fue publicado en La Razón el 15 de Enero de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página
