El periodismo de investigación, ese que se caracteriza, valga la redundancia, por la investigación y la documentación fehaciente de los hechos y del contexto que los rodea; que responde a una ética y valores; que llevó a la dimisión del Presidente Richard Nixon el 9 de agosto de 1974 y que ya, en el nuevo siglo contribuyó a evidenciar la pederastía imperante en la iglesia católica en la ciudad de Boston (y en otros lugares), parece, en estos momentos, una especie en extinción.
Varios factores pueden citarse para explicar esta situación: la globalización y el fácil acceso a la información, han dado pie al periodista fodongo, ese que recicla lo que otros publican, que se limita a traducir (en el mejor de los casos) noticias o simples notas sin analizar el contexto; que busca el estrellato con el menor esfuerzo; que apuesta al sensacionalismo bajo la premisa de que "las buenas noticias no son noticias". También, el "ciudadano reportero", que con su teléfono inteligente puede tomar una fotografía y divulgarla de manera instantánea, en las redes sociales, hace su parte (y conste, no todos los "ciudadanos reporteros" son periodistas profesionales) en la confusión que puede generarse en el tratamiento de diversos temas.

Lo comento porque la película de la que les quiero hablar, me dejó un muy buen sabor de boca a propósito del tema de la ética de los medios de comunicación. Se trata de "En primera plana" (Spotlight, 2015) del estadunidense Tom McCarthy. En ella se cuenta la historia de una unidad de investigación del diario The Boston Globe, llamada "Spotlight", que es, de hecho, el grupo de investigación periodística más longevo de Estados Unidos. Este grupo debe hacer frente a la reestructuración del diario y al arribo del nuevo jefe, Marty Baron (Liev Schrieber), quien desea reactivar la investigación en torno a los diversos casos de acoso sexual perpetrados por sacedrortes de la iglesia católica en Boston.
Los miembros de "Spotlight" no parecen muy interesados inicialmente, en el tema, y de hecho, a lo largo de la película nos vamos enterando de que la información acerca de la pederastía de los sacerdotes sí había llegado a manos de varios de los integrantes de esta unidad de investigación, quienes simple y llanamente la desecharon.
Con todo, la petición de Marty Baron, sin embargo, llega en un buen momento, dado que los casos han sido recurrentes y entre las víctimas y la iglesia católica, hay una serie de intereses de los abogados, quienes actúan como "mediadores", para favorecer la impunidad de los clérigos. Así, el grupo de Spotlight decide investigar diversas pistas.
La película francamente es extenuante. Cabe destacar que a diferencia de "La obediencia perfecta" (2014), esa película mexicana creada a la luz del escándalo de acoso y abuso sexual perpetrados por Marcial Marcel (encarnado por Juan Manuel Bernal) y en la que hay algunas escenas más o menos explícitas, en "Spotlight" todo reposa en diálogos inteligentes y un guión que se las arregla para que el espectador entre en shock a medida que la trama se desarrolla. No fue necesario en "Spotlight" recrear escenas que gráficamente dieran cuenta de la temática. Eso es de llamar la atención.
El grupo de Spotlight es el ideal en cualquier sala de redacción: se integra por un jefe proactivo, Robby Stewart (Michael Keaton), un periodista comprometido con la búsqueda de la verdad, Mike (Mark Ruffalo), una periodista brillante, que comparte su trabajo con su vida personal (muchas veces sacrificando lo segundo), Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams), y otro periodista muy entusiasta, Matt Carroll (Brian D'Arcy James). Todos trabajan en sincronía, indagan, entrevistan, van a los archivos, buscan en bibliotecas, recuperan archivos periodísticos, se reúnen con abogados, hablan con las víctimas y con los indiciados, en fin, hacen la chamba que se espera de los verdaderos profesionales de la información.
Tras una escrupulosa búsqueda, los periodistas de Spotlight encuentran que hay la sospecha de que 87 sacerdotes de Boston están involucrados en acoso y abuso sexual. Pero Stewart quiere ir más allá de la denuncia de los clérigos, por deducir que este comportamiento ha sido del conocimiento pleno del Cardenal Bernard Law (Len Cariou) e incluso, del propio Vaticano. Por lo tanto, Stewart va acumulando toda la información que se va generando, para armar el rompecabezas que efectivamente permita conocer la lógica (si es que la hay) de la pederastía y el rol que las altas jerarquías de la iglesia católica desempeñan.
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Es de aplaudir el manejo de un tema que fácilmente se le podría ir de las manos hasta al director más versado. En vez de caer en lugares comunes, la película lleva a reconocer que una cosa es la institución (la Iglesia Católica) y otra las personas que la integran. Sin embargo, McCarthy se las arregla para evidenciar que las instituciones son una creación humana y que la iglesia es un todo: clérigos que hacen su trabajo y otros que abusan de su posición en la sociedad y cometen toda suerte de atropellos.
Considero que es una de las mejores películas en las que queda de manifiesto la importancia del periodismo de investigación. Todos los que ejercen ese oficio deberían verla y aprender. En 2002, The Boston Globe publicó los resultados de su exhaustiva investigación y ello llevó a que muchas otras personas que habían sido vejadas por sacerdotes, salieran del clóset y contaran sus experiencias. Cierto, los escépticos dirán que la pederastía es un problema de mucho tiempo y que aun después de que dos centenares de clérigos enfrentaron cargos por pederastía, tan sólo en Boston (luego de que The Boston Globe publicara, como ya se explicó, los resultados de su investigación), el acoso y el abuso contra menores por parte de los sacerdotes se sigue produciendo no sólo ahí sino en diversas partes del mundo. Justamente la película termina con una lista de diversos casos de pederastía perpetrada por clérigos en el planeta, si bien México, pese a la historia ya muy conocida de Maciel, no figura.
Tras ver la película, sigue dando vueltas en mi cabeza la manera en que se hacía el periodismo antes y la forma en que se desarrolla hoy. Si bien las tecnologías de la información ya existían para el tiempo en que el equipo de Spotlight documentaba su investigación, no estaban tan a la mano como en el momento actual. Pese a ello, todo el equipo de periodistas trabajó arduamente para cotejar información, desechar aquella que no era creíble y. ultimadamente, proveer un invaluable servicio a la sociedad bostoniana (y me atrevería a decir que a otras comunidades también). Véanla, realmente vale mucho la pena.
Como nota final, quiero señalar que considero que Mark Ruffalo es un actor excepcional y que en esta película una vez más muestra sus extraordinarias dotes histriónicas, pese a que me parece, no ha recibido el reconocimiento que merece. Espero que en la próxima entrega de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood sea galardonado ese extraordinario actor llamado Mark Ruffalo.
