Gil se encuentra desmoralizado pues no sabe nada de nada. La noticia más interesante del día se publicó en su periódico El Financiero en una nota de Víctor Chávez: “Hay un boom de cabilderos: 696 acosarán a los 628 legisladores”. Gamés ignoraba que durante los próximos tres años, un ejército de gestores registrados en el Congreso de la Unión se dedicará a perseguir, “gafete en mano a los legisladores, 255 operadores tendrán acceso al Senado de la República y 441 a la Cámara de Diputados”. Estas finísimas personas buscarán “reformas legales en beneficio de sus empresas, industrias, sectores, productos, servicios, tanto nacionales como transnacionales”. Gilga se dio un manazo en la frente y se tiró encima tres adjetivos: alcornoque, inculto, badulaque: así son los Congresos.
Desde luego Gil imaginaba que la negociación y la compra-venta es tierra fértil donde crecen las negociaciones de los legisladores, pero, caracho, los casi 700 cabilderos registrados en las Gacetas Parlamentarias parecen ser el paraíso de la transa, el territorio libre del dinero bajo la mesa y, claro, el arreglo legal. ¿Va bien Gilga o se regresa?
Los interesados
Gamés vio la lista de las empresas que buscarán convencer a los legisladores de promover cambios legales, “habrá representantes de las más grandes cadenas nacionales y transnacionales refresqueras, de alimentos, cigarreras, de transportes, firmas de seguros y telefonía”.
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