La gran demostración de la derrota del populismo, ayer en Argentina, fue que votaron en su contra hasta los sectores menos informados y capas de la sociedad que recibieron durante 12 años comida regalada y empleo público insostenible por el erario, a cambio de votos.
¿Por qué? Entendieron que recibir dádivas de cualquier gobierno lo único que provoca es eternizar su condición de pobres, al igual que en la Cuba sin los subsidios soviéticos y venezolanos, la Venezuela de Chávez y Maduro, la propia Argentina del kirchnerismo…
Es de festejar este revés electoral al “Socialismo del Siglo XXI”, primero desde que Hugo Chávez lo propaló desde el 2000, luego de que cayeran en sus manos de “padrecito de los pueblos” los yacimientos de crudo más grandes del mundo, y con el precio del petróleo arriba de cien dólares.
A base de petrodólares, Venezuela salvó a Cuba de hundirse e hizo ganar elecciones democráticas al populismo en Ecuador, Nicaragua y Bolivia, países que, al igual que Venezuela, cambiaron sus constituciones para permitir la elección vitalicia de sus actuales caudillos.
Los petrodólares chavistas impulsaron el kirchnerismo, que se apoderó de Argentina con un discurso barato contra “la mafia del poder” y acusando de corruptos y vendepatrias a políticos, empresarios, periodistas, personalidades… todo el que estuviera en su contra.
Agotados los petrodólares chavistas, Cuba quedó obligada a restablecer relaciones diplomáticas con el “imperialismo yanqui” como su última tabla de flotación, y cayó el kirchnerismo, cuyo legado es haber empobrecido al país y ayudado a sus amigos a multiplicar fortunas con contratos públicos.
Pero el triunfo del liberal Mauricio Macri en Argentina sobre el populista Daniel Scioli debe tener también una lectura mexicana:
El populismo gana terreno al estilo del kirchnerismo, con su principal adalid, AMLO, engañando a los sectores menos informados e ilusionando a las capas de la sociedad que quieren comida regalada y empleo público insostenible por el erario, a cambio de votos.
Apenas el viernes, AMLO se convirtió en el presidente de su partido en un proceso chavista: sin votación y sin rivales, para designar él mismo como secretario de Finanzas a su secretario particular desde hace 20 años, de Comunicación a su vocero y de consejera a su sobrina.
Sus designaciones violan los estatutos que él mismo hizo, y que prohíben “los vicios de la política actual”: influyentismo, amiguismo, nepotismo, clientelismo y perpetuación en los cargos. Sólo que a AMLO no le importa porque se burla de la inteligencia de lo que llama “el pueblo”.
Es decir, la gente a la que considera menos informada y que quiere vivir de dádivas si llega a la Presidencia… como hizo el kirchnerismo en Argentina.
Porque el kirchnerismo perdió allá.
Pero acecha aquí.
