Como decían antes los poetas: los madrazos están de a peso. Esto quería decir que había muchos madrazos muy baratos. Y entre más se acerquen las elecciones, más baratos se pondrán a la venta. Por quítame estas pajas, Gilga verá revelaciones terribles de nuestros políticos. Gil lo leyó en su periódico El Universal, en primera plana y lo que antes se llamaba a ocho columnas: “Anaya y familia tienen inmuebles por 308 millones de pesos”. En una nota de Horacio Jiménez, Gamés se enteró de que el patrimonio de Ricardo Anaya va en aumento. En 15 años, Anaya, sus suegros y otros familiares han incrementado sus participaciones accionarias en 17 empresas. La familia tenía seis propiedades con un valor de 22 millones; ahora poseen 33 propiedades con un valor de 300 millones, más o menos. A esto se le llama progresar. Nada se va del todo, hay un raro eterno retorno: “político pobre, pobre político”. El apotegma de Hank González perdura. No somos nada; o sí, unos cínicos que consideran que el oficio de la política implica hacerse muy rico.
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