La selección mexicana, un gigante entre enanos

La selección mexicana de futbol calificó ayer a la Copa Mundial del próximo año que se llevará a cabo en Rusia. “Lo hizo caminando”, como dice la creatividad de muchos expertos en la materia luego de que Ricardo Lavolpe empleara esos términos cuando dirigió al equipo.

ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM

El equipo mexicano le ganó ayer a Panamá en el Estadio Azteca 1-0, un triunfo apretado y difícil donde los jugadores del tricolor, exhaustos y nerviosos, pedían que terminara el partido, incluso parte de la afición en el estadio hizo lo mismo además agradecer a los dioses que el árbitro marcara un penal contra las ilusiones verde y blanca (en la eliminación pasada el nazareno pitó un penal inexistente en favor de México y eso fue decisivo para que asistiera a la Copa Mundial).

México se vio como un gigante, tal vez más que otras ocasiones como un gigante, frente a equipos enanos: EU se trata de reponer de un proceso fracasado, Costa Rica tiene un importante relevo generacional y varios jugadores con una gran baja de juego y, bueno, qué decir de las poderosas escuadras Honduras y Trinidad y Tobago. Así es la Concacaf, creo que no es difícil pensar en lo que sucedería con nuestro equipo en otra zona, no sé, enfrentado a Brasil, Argentina y Uruguay.

México aplastó a sus pequeños rivales y fue masacrado por los equipos poderosos, los que no están en la Concacaf como Chile y hace poco Alemania, con un equipo con jugadores en su mayoría de reservas.

El representativo mexicano es un equipo mediocre que suscita pasiones encendidas en jilgueros que tienen de antemano definido su canto. Es un desastre dicen unos por un lado, y el equipo tricolor tiene mucho corazón y en la cancha lo demostrará, dicen otros. Y en el fondo de esto último, los actores del gran negocio que implica la playera nacional, los patrocinadores, la proyección de jugadores y la transmisión televisiva, pero desde luego: es proverbial cómo, sobre todo Televisa, ha magnificado a la selección mexicana en toda su historia (el mundial de Argentina 78 es uno de los ejemplos más notables de cómo se inflan equipos y luego el ridículo que sucede).

Viene el gran negocio para las televisoras, y claro que tratarán de proyectar a un coloso mexicano como lo han hecho siempre. Durante muchos años la afición ha sido cómplice y por ello yo celebro que haya otras opciones para analizar a ese deporte (aunque muchas de esas opciones exageren a menudo en sus cuestionamientos) y, sobre todo, espero que los aficionados exijan mucho más: nos merecemos algo mejor que los tristes papeles jugados y a mejores conductores o comentaristas que Jorge Campos o “El Perro” Bermúdez. Por lo pronto, legiones festejan que México vaya una vez más al mundial -es uno de los equipos que más ha asistido- aunque nada más sea para rompernos el alma y dejar llenas las arcas de quienes no más no han podido intervenir para que mejore la calidad del balompié y no han podido porque privilegian el negocio.

Extra, extra, extra: ¡México le gana a Panamá uno cero y califica al mundial! A Panamá, dios mío, pidiendo que el árbitro terminara ya el partido y agradeciendo a Dios que no marcara un penal. Es una vergüenza.

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