Nahle suma, AMLO resta

Rocío Nahle, coordinadora de Morena en San Lázaro, estuvo a punto de mostrar que esa fuerza política es capaz de alcanzar acuerdos, incluso con sus antagonistas favoritos, en aras de la gobernanza nacional.

El legislador Jesús Sesma, del PVEM, no escatimó el reconocimiento para la morenista, la calificó como una política de construcción, no de destrucción. Pero el jefe moreno, López Obrador I (sí, primero) , es otra cosa, él prefiere el caos antes que coincidir con el PRI en un tema de fondo, no de forma.

Con una llamada, AMLO, de gira por Estados Unidos, puso a la bancada de Morena al servicio de Ricardo Anaya y sus guaruras amarillos y naranjas, alargando el impasse legislativo so pretexto de combatir a un fiscal carnal evasor de impuestos que ya murió. El tabasqueño reventó así el acuerdo con el PRI para que la nueva Mesa Directiva, presidida por Jorge Carlos Ramírez Marín, transitara.

Lo del fiscal sirve para que el otrora joven maravilla eluda los señalamientos por la singular bonanza patrimonial de su familia política en sospechosa sincronía con su trayectoria política.

Anaya Cortés tampoco explica la minuta votada por él, en la que se estableció el pase automático. Da por explicación el agudo grillo azul, que se le chispoteó, que lo vio, no le entendió, pero luego ya. Así el líder que fractura su partido, en pos de su ambición política.

Lo de Raúl Cervantes como primer fiscal transexenal se apestó, el Ferrari 458 Italia emplacado, burda y falazmente, en Morelos, para evitar impuestos por concepto de tenencia, exhibió su falta de ética civil. Sin embargo, dar reversa en el tema es todavía una útil moneda de cambio para el PRI.

Lo cotidiano no quita lo atroz

Obvio. Es mucho pedir que las autoridades competentes se pronuncien respecto a algunos paquidermos que trotan cínicamente por la CDMX y de los cuales nadie explica nada.

La evasión de tenencia y de infracciones por fotomultas, gracias a la rica impunidad chilanga amparada en placas de circulación tramitadas en el boyante (a juzgar por su parque automotor registrado) estado de Morelos.

Otra de placas. Con los numerales lavados, taxis oficiales del aeropuerto capitalino burlan las cámaras en radares de velocidad. Les hacen lo que el viento al Benemérito prócer que da nombre a la terminal aérea.

Una más. A plena luz del día en concurrida taquería asaltaron, como se asalta a diario en la CDMX a cientos, fácil, rápido, sin contratiempos, al periodista José Cárdenas.

Ni videovigilancia ni gente, nada inhibe a quienes se saben ganadores frente a la autoridad rebasada. El asalto en vía pública nunca ha sido nota; por el volumen alcanzado, debería.

Pepe festejó, por cierto, sus primeros 48 años como reportero. Inició con la cobertura de la puesta en marcha del Metro, lo celebró entregando, junto a su familia, sus pertenencias a dos malandros armados, impunes y activos.


Este artículo fue publicado en La Razón el 7 de septiembre de 2017, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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