En verdad, la realidad en México es escandalosa y lo peor del caso es que el estado de cosas es producto de gobiernos corruptos e ineficientes, pero también de una oposición simuladora y una sociedad complaciente que no castiga a quienes la defraudan desde la autoridad, los partidos y las organizaciones civiles.
El caso de Yndira Sandoval, por ejemplo, y muchos más sucesos de los que nos quejamos y que ocupan muchas páginas en periódicos, portales de Internet y minutos en radio y televisión tienen como común denominador el mexicanísimo ejercicio de la doble moral y un profundo desprecio por la ley y la verdad.
Por ejemplo, hasta ayer Yndira Sandoval no había ratificado su denuncia por la supuesta violación de la que habría sido víctima a manos de mujeres policías del municipio de Tlapa, Guerrero.
Ahí comienzan los problemas, pues precisamente una de las principales acciones que establecen los protocolos de defensa de derechos humanos para evitar la impunidad es precisamente realizar denuncias formales de los agravios y abusos cometidos por las autoridades, cosa rara tratándose de una activista y defensora de las garantías individuales, pero que hace coherencia con la versión de su supuesta atacante, la policía Claudia Juárez, quien relató que la también militante perredista, en actitud totalmente prepotente, como consta en videos que subieron a las redes sociales, totalmente borracha humilló, insultó y amenazó a los agentes que la detuvieron por un conflicto con el pago de servicios en un sanatorio.
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