El 26 de julio de 2016, el semanario Proceso publicó una entrevista de Anabel Hernández con Rafael Caro Quintero; la imagen del delincuente ocupa toda la portada de le revista y el gran despliegue en páginas interiores dibuja a un hombre cansado, de 63 años, que ofrece disculpas a la sociedad mexicana porque de algo tenía que vivir: sembró mariguana; él no mató a Enrique Camarena, dice enfático, y así se desenvuelve el hombre en su áurea de inocencia cobijada por la reportera y Proceso. Más de un año después, Rafael Caro Quintero es otra vez buscado por la DEA, dados sus crímenes más recientes ahora trabajando para Ismael, el “Mayo” Zambada (sí, el mismo a quien entrevistó Julio Scherer también con un gran despliegue) y la revista Proceso no da relieve a esa noticia. Ese es solo un ejemplo de cuando se confunde ser de oposición o hacer periodismo alternativo, con defender criminales.

