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Justo cuando las designaciones de los titulares de los organismos autónomos hacen crisis, los diputados y el gobierno de la CDMX hicieron lo correcto.

Me refiero a la elección por unanimidad de Nashieli Ramírez Hernández como presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

Muchas son las razones qué celebrar con este nombramiento y los significados que tiene, en un momento en el que nos urge dignificar el quehacer político.

DEFENSORA DEL PUEBLO
De entrada, destacamos el perfil de la nueva ombudsperson, ombuswoman, habría dicho con mucha razón Yuriria Sierra.

Se trata de una mujer con trayectoria en la defensa de los derechos humanos y con capacidades probadas en la construcción de respuestas a la violencia y la discriminación.

Nashieli participó, desde la sociedad civil organizada, en el diseño de Todos Somos Juárez, y fue pionera en México en el impulso de una agenda de atención a la temprana infancia y el trabajo infantil.

Comprometida con la equidad de género y la visibilidad de las violencias, la presidenta de la CDHDF acompañó el trabajo de consulta y cabildeo que dio paso al actual entramado jurídico a favor de la niñez y la infancia, establecido sobre la base del Interés Superior.

Con experiencia en la administración pública relacionada con programas sociales de combate a la pobreza y educación, Nashieli Ramírez Hernández conoce de las necesidades profundas de una sociedad tan plural como estratificada.

En el reciente proceso que dio paso a la Constitución de la CDMX, la titular de la CDHDF fue parte activa en la definición y defensa de diversos derechos de vanguardia, destacando el que articuló su programa de trabajo para este nuevo cargo, el del derecho a la ciudad.

TRANSPARENCIA PARLAMENTARIA
Pero no basta una buena trayectoria si ésta no es valorada. Y en el caso que nos ocupa, Nashieli tuvo la oportunidad de participar en un proceso de designación en el que los diputados de la Asamblea Legislativa del DF se tomaron en serio la tarea de evaluar perfiles y hacerlo de cara a las organizaciones de la sociedad civil que previamente propusieron criterios.

De manera que, a diferencia de lo que viene ocurriendo en la Cámara de Diputados y en el Senado cuando se trata de nombrar a los titulares de los organismos autónomos, bajo el modelo de cuotas partidistas y listas de personajes afines a éstas, aquí en el parlamento chilango hubo un método de auscultación que desmenuzó varios factores.

Acaso fue que andaban en el pasmo post sismo y el tema fue desatendido por los caciques de la política local. Lo cierto es que la Comisión de Derechos Humanos de la ALDF se puso a revisar a los aspirantes en función a su trayectoria, credenciales académicas, apoyos de las organizaciones, plan de trabajo y entrevistas con preguntas de los legisladores y representantes de la sociedad civil.

Más información: http://bit.ly/2hTKWnf

 

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