¿Cuál es la virtud de Meade? Que acredita una chamba

José Antonio Meade es el candidato más atractivo para 2018, porque es el único que no despierta miedos a la clase media de un país de clase media, como éste. México es, claro está, un país de desigualdades, pero no fundamentalmente de pobres, como relativiza AMLO.

Fue por eso que ayer, en sólo unas horas de destape como seguro candidato del PRI (aún sin ser militante de ese partido), dejó atrás a todos los aspirantes de todos los partidos (menos a AMLO, que lleva 17 años en campaña), en una encuesta telefónica de GCE.

AMLO quedó en 28.7 por ciento y Meade en 23.2, a la pregunta de “Imagine que en estos momentos fuera el día para elegir al próximo Presidente de la República, ¿por quién votaría si los candidatos fueran…?” El tercer lugar fue Margarita Zavala (11.5), el cuarto Ricardo Anaya (8.5) y quinto Mancera (4.3).

Aunque muchos teóricos cuestionan la definición del Inegi a México como país de clase media, lo real es que, durante el último cuarto de siglo, aquí se democratizaron el consumo masivo de bienes duraderos, la mayor demanda de créditos, la liquidez de los compradores, las tarjetas de crédito y nómina…

Meade, funcionario sin militancia política que acredita eficacia como técnico en dos gobiernos de diferente ideología, encarna las aspiraciones de los estamentos que registran mejorías en sus condiciones de vida, y les asusta perderlas a causa de cambios sociopolíticos bruscos.

Por ejemplo (y por sólo mencionar sucesos recientes), tras el gasolinazo de enero, que le tocó apechugar a él solo como secretario de Hacienda en plena Navidad y Año Nuevo, recuperó enseguida el dinamismo de la economía, con 2.8 por ciento en el primer trimestre.

En ese momento de extrema crispación social, emergió como hombre de Estado: con calma y valor explicó a diario, hora por hora, la necesidad de aumentar 20 por ciento el precio, para estabilizar la creciente deuda pública, en un país donde se consumen 129 millones de litros de gasolina diarios.

Y lo hizo con profesionalismo y modestia, aunque la decisión había sido tomada antes de que él fuera designado secretario de Hacienda, pues venía de ser secretario de Desarrollo Social y, previamente, canciller, puesto desde el que acercó a México a los 20 países con mayor intercambio comercial.

Junto con el manejo exitoso de la crisis del gasolinazo, Meade logró desde Hacienda que el peso mexicano fuese la única moneda del mundo en apreciarse en la era Trump, cuando casi todo el país pensaba que el dólar alcanzaría hasta los 25 pesos, pero Meade lo estabilizó en menos de 19.

Meade es lo que necesita México: un estadista.

No un aprendiz de brujo.


Este artículo fue publicado en La Razón el 28 de noviembre de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.

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