Recomendamos: No manchen su alma, por Gil Gamés

Si la realidad mexicana fuera una película de Juan Orol se llamaría Los populistas vs. los búfalos y El Joven Maravilla. Sería una cinta de acción e inacción en la cual el candidato de Morena, partido de izquierda, lanza su candidatura el 12 de diciembre, día de nuestra virgen morena. Mientras tanto, el candidato del PRI le da un banderazo a la cargada y enciende el motor monumental de la maquinaría pesada para mantener en Pinos al tricolor. En esta película, dentro del Frente Ciudadano las bofetadas están de a peso y deliberan la forma de presentar a un candidato.

Así las casas (muletilla patrocinada por Grupo Higa, desaparecido de la escena por arte de magia), en un acto nuevo que se cae de viejo, el presidente Peña le acepta a José Antonio Meade la renuncia a la Secretaría de Hacienda, nombra a Pepe Toño González secretario de la hacienda pública y a Treviño director de Pemex. Este movimiento en el gabinete quiere decir que Meade es el candidato del PRI a la Presidencia. Gil oyó tres ovaciones y una frase presidencial: “Pepe, te deseo éxito en tu nuevo proyecto”.

Ah, le beaux jours: esa época en que al ser designado, el candidato del PRI era el nuevo presidente de México. Gamés leyó en los periódicos la sucesión de Díaz Ordaz, de Echeverría, de López Portillo, de De la Madrid, de Carlos Salinas, de Ernesto Zedillo. Todo cambió, pero nada cambió. José Antonio Meade enfrentará a un puntero, Liópez, y a codazos contenderá con el apenas probable Frente y buscará ponerse en segundo lugar para ir a la campaña. El PRI, medita Gilga, no ganará la elección presidencial. Le preguntan a Gil si tiene una bola de cristal. No: se llama sentido común, inferencia, deducción, inseguridad, corrupción, ¿quieren más?.

El túnel del tiempo

Nada se va del todo, meditó no sin melancolía Gamés cuando vio en un video de su periódico El Universal a Meade entrar a un auditorio de la CTM. Los gritos, caracho: “¡Pepe/cete-eme, Pepe/cete-eme!”. Y que entra el precandidato o candidato, o lo que sea que suene, y le da un abrazo dilatado (abrazo que se respete debe ser dilatado) a Aceves del Olmo, dirigente del sector obrero, quien llegó en silla de ruedas a la sede de la CTM, un hombre que caería por su propio peso: “¡Pepe/cete-eme!, Pepe/cete-eme!”.

Y Meade dice: “Yo que aspiro a registrarme hoy como precandidato quería empezar este camino humildemente, que me haga suyo, que me acompañe y nos permita darme mejores oportunidades”, así lo leyó Gil en su periódico MILENIO. Gil se llevó una tremenda sorpresa al enterarse de que la CTM existe, pues consideraba muerta a esa confederación. Quizás estaba muerta y resucitó cuando Pepe fue ungido (ah, una voz pasiva). Y Aceves del Olmo arengó a la masa (una sola masa, no masas): “Es un día de fiesta, tenemos oportunidad de recibir a quien desde hoy o desde hace más tiempo es el candidato de la esperanza. Que el señor Meade, por decisión suya haya decidido postularse es una referencia, porque sabemos que en sus manos el partido tendrá otra dimensión como parte de un organismo nacional que en el 2018 va a ganar la Presidencia con José Antonio Meade”.

Más información: http://bit.ly/2n90SXU

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