Este martes se cumplen 10 días de la muerte del preso B33920 de California, Charles Manson. Es la fecha límite para que alguien se presente en la morgue del condado de Kern, en la ciudad de Bakersfield, y reclame el cuerpo de uno de los asesinos más famosos del siglo XX. Sin embargo, el secretismo envuelve el destino de los restos de Manson, un personaje siniestro que mantiene un cierto poder de fascinación morboso. Hasta la mañana de este martes, no se sabía dónde está ni qué va a ser de él.
“Haremos lo que dice la ley”, responde una portavoz del Departamento de Prisiones de California cuando se le pregunta qué va a pasar con el cuerpo de Manson si no lo reclama nadie. El reglamento general de la Administración de California, en su artículo 3357(g), establece que pasados 10 días de la muerte del preso, si la persona más cercana no se ha presentado para hacerse cargo del cuerpo ni ha comunicado que renuncia a hacerlo, la Administración se hace cargo y puede disponer del cuerpo y de los bienes de la persona.
El comunicado enviado el pasado domingo a los medios decía que Manson murió a las 20.13 “en un hospital del Condado de Kern” por “causas naturales” a los 83 años de edad. Esos son todos los datos que hay desde hace más de una semana. Manson podría incluso estar ya enterrado. Prisiones no informa de si alguien se ha presentado estos días a reclamar el cuerpo. Ni siquiera de dónde está. Ni siquiera dónde murió. Los medios de California especulan con que Manson murió en el hospital Mercy del centro de Bakersfield. Ninguna información ha sido confirmada oficialmente. El pasado día 20, el Bakersfield Californian informaba de que el cuerpo se encontraba en poder de la oficina forense del condado de Kern. La oficina no respondió a la petición de información de este medio, ni de ningún medio de California.
La agencia Associated Press aseguraba que en otras ocasiones funcionarios de prisiones habían dicho que Manson no tenía una persona cercana designada para hacerse cargo el día que muriera. Por tanto, correspondería a Prisiones la decisión de enterrarlo, o incinerar el cuerpo, y decidir qué hacer con las posesiones que tuviera en la cárcel de Corcoran, la última donde vivió en sus 47 años de prisión.
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