Hace ya algunos años el entonces secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong describió la función central de su responsabilidad con una fórmula sencilla: “operamos, día a día, para que otros puedan hacer su trabajo”.
En efecto, la clave es garantizar las condiciones de tranquilidad para que funcione todo el sistema desde la perspectiva de la gobernabilidad democrática.
Eso hizo Osorio, inclusive desde antes de su llegada al Palacio de Cobián, cuando participó en las negociaciones del Pacto por México, las que dotaron al país de una serie de reformas que, por su profundidad, tendrán que ser valoradas a lo largo del tiempo.
El ciclo político y la contienda electoral hacen que muchas cosas que importan se pierdan de vista o que se hagan afirmaciones que muchas veces no corresponden con la realidad.
El tema de la seguridad es el que más se presta para la polémica, pero hay datos que merecen ser apreciados.
En 2011 se registraron 16 mil 990 homicidios dolosos vinculados a la delincuencia organizada, mientras que en 2016 se registraron 10 mil 436. Esto ha significado que mientras en 2011 el 75% de los homicidios totales del país era causado por el crimen organizado, en 2016 éstos pasaron a representar el 50%.
Esto es lo que explica que ahora no sean tan frecuentes los episodios de alta violencia, aunque persista el problema que, por lo demás, tiene raíces bastante profundas.
Uno de los delitos que más lastiman a la sociedad es el secuestro. Para enfrentarlo se creó una comisión nacional. Si bien cualquier caso implica una tragedia, la reducción de un 24 por ciento indica que se está trabajando en el camino adecuado.
Coordinarse en materia de seguridad no es un asunto sencillo. Intereses e inercias complican las cosas en las áreas agrupadas en ese gabinete.
Pero como se dejaron atrás reproches y grillas, las estrategias fructificaron y por ello están en prisión personajes como Joaquín El Chapo Guzmán, Vicente Carrillo Fuentes, Servando González La Tuta y Héctor Beltrán Leyva, entre otros delincuentes.
Uno de los legados de Osorio Chong y su equipo es el acompañamiento a la implementación del nuevo Sistema de Justicia Penal, lo que significó un esfuerzo titánico para ir alineando todos los aspectos de uno de los cambios constitucionales más relevantes en la historia.
Y en la esfera política se sorteó el desafío que significó la oposición de la CNTE a la Reforma Educativa. Se hizo sin violencia y ante uno de los grupos que más se caracteriza por su predisposición al conflicto.
Ésas son algunas de las cuentas del exsecretario de Gobernación. Seguro hay otras menos promisorias, pero no está de más recordar lo que funcionó.
Este artículo fue publicado en La Razón el 24 de enero de 2018, agradecemos a Julián Andrade su autorización para publicarlo en nuestra página.

