Recomendamos: Misterios sin resolver, por Gil Gamés

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, antologado en un elegante saco largo de cachemira y con una bufanda en combinación ideal, Gil leía sus periódicos. El joven Marco Antonio Sánchez regresó de la oscuridad en condiciones deplorables: discurso desorganizado, delirium mixto, no habla y no sabe dónde está.
Miren ustedes, a veces Gilga muestra este síndrome y así y todo escribe su columnata. No es broma, Gamés no quisiera meterse en la camisa de 11 varas de lo políticamente incorrecto, pero la verdad es la verdad.

La opacidad es lo nuestro, nos apasiona: los policías dicen que bajaron al joven de la patrulla 5 minutos después de que lo subieron, una detención exprés, suave, comprensiva; lo vieron alejarse, hacerle la parada a un camión y luego caminar hacia el horizonte urbano, cerca de una iglesia, para más señas. Apareció cinco días después en andrajos.

Por su parte, las autoridades, tanto del Estado de México como de Ciudad de México, no saben explicar cómo apareció en el municipio de Melchor Ocampo. Piensa Gil (ya vamos a empezar con las jactancias) que para tener un caso hay que investigar porque no va a venir una señora a tocar la puerta y a contar lo que le pasó a Marco Antonio en cinco días de ausencia. Por último, el padre de Marco Antonio, a quien le asiste todo el derecho de exigir una explicación y en su caso demandar a quien resulte responsable, le da vuelo a la hilacha: “Ya no estamos en el 68 señores, eso ya pasó, los gorilazos de los granaderos (…) según esto, tenemos una policía de élite”.

Ciertamente, los policías golpearon y detuvieron a un estudiante menor de edad, pero al paso que va, el padre de Marco hablará del valiente papel de doña Josefa Ortiz de Domínguez para protestar por la detención ilegal de su hijo. Total: misterio sin resolver. Al parecer, solo el propio Marco Antonio Sánchez podrá contar, si lo recuerda, qué
ocurrió esos días en su vida.

Más información: http://bit.ly/2BHRtsd

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