Estoy en la esquina de Nahuatlacas y Rey Nezahualcóyotl, en donde la noche del 5 de enero pasado fue asesinado el editor de EL UNIVERSAL, José Gerardo Martínez Arriaga.
El periodista había acudido al mercado de La Bola, en la colonia Ajusco, para comprar los regalos de Reyes de sus sobrinos de 4, 8 y 12 años. Deseaba comprar también algunos dulces para los hijos de sus amigos.
El mercado se ubica a dos o tres cuadras de este sitio. Se trata de una colonia popular que, de acuerdo con vecinos, suele ser violenta e insegura incluso a la luz del día.
Una cámara registró el momento en que a José Gerardo le dispararon desde una motocicleta en la que viajaban dos personas. Al momento de caer, él llevaba unas bolsas
con juguetes en la mano.
He contado aquí que una patrulla de Seguridad Pública fue enviada al lugar y lo llevó prácticamente moribundo al hospital de Xoco. Murió a las 5:50. El parte policial dice que traía consigo una mochila color café, en la cual había “una muñeca tipo Barbie”, así como una bolsa con dulces. Las bolsas que, de acuerdo con el video, José Gerardo llevaba en la mano, ya no aparecieron. Tampoco su tarjeta de débito, de la que, según el registro de movimientos, había echado mano a las dos de la mañana para retirar 300 pesos.
En cambio, José Gerardo tenía consigo su cartera —en la que había una tarjeta de crédito —, así como su teléfono celular. Entre sus líneas de investigación, las autoridades manejaron la hipótesis de un posible asalto. En el video que registró el momento sólo se ve que los tripulantes de la motocicleta fueron directamente hacia él.
En el mismo video aparece una persona que atestiguó los hechos, y se mantuvo al margen aun cuando la motocicleta se había retirado y el periodista yacía en el suelo.
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