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Hasta el jueves pasado, un servidor fungía como Comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad de México. Cargo honroso y difícil después del terremoto del 19 de septiembre. El Doctor Miguel Ángel Mancera confió en mí y se lo seguiré agradeciendo de verdad.

El nombramiento ocurrió el 26 de octubre, y luego de un paréntesis demasiado largo (dada la emergencia), el primero de diciembre por fin se emite la Ley de Reconstrucción.

En el inter, pudimos integrar –ya por completo– al trabajo de la Comisión a ocho profesionistas calificadísimos: Adriana Lobo (urbanista, especialista en movilidad), Loreta Castro (arquitecta, especialista en manejo de agua), Xyoli Pérez-Campos (Directora del Servicio Sismológico Nacional), Katya D’Artigues (periodista, escritora, activista); Sergio Alcocer (doctor en ingeniería, invitado por la Academia de Ingenieros Estructuristas de EU), Fernando Tudela (representante de México ante los Acuerdos de París), Humberto Lozano (un empresario conocedor y representativo de los negocios en la Ciudad) y Mauricio Merino (politólogo, el mejor especialista de administración pública y rendición de cuentas del país, creo yo).

Debo decir esta verdad: era difícil reunir a un grupo de tanta calidad, y con ellos, nos dimos a la tarea de presentar, el 12 de enero, el Programa de Reconstrucción (sus directrices generales) en el plazo que señala la ley.

Entre tanto la Comisión, desde el primer día se propuso escuchar a los damnificados. Hicimos 182 recorridos, en 85 sitios críticos –los más gravemente lastimados por aquella sacudida– y pudimos conversar en medio de mucho dolor, con 5 mil 657 personas aproximadamente.

Encontré malestar, un perjuicio mayor al ánimo, al espíritu y al patrimonio de miles que se agolpaban en torno a una Comisión que representaba a su gobierno y que intentaba conducirlos por el camino de una ley en ciernes, ayudando lo que podía y sin comprometer nunca, lo que no podría cumplir. Encontré una ciudadanía apesadumbrada pero receptiva, muy necesitada pero razonable, dispuesta a caminar hacia delante de la mano de su gobierno y con la Comisión.

Más información en: La Crónica

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