Las pandillas son un riesgo para la seguridad en México y en Estados Unidos y, además, se van a convertir en otro conflicto con el presidente Donald Trump y con uno de sus aliados más fieles, la Asociación Nacional del Rifle (NRA).
Desde hace ya años el FBI cuenta con grupos de tarea para enfrentar a las organizaciones más peligrosas y entre ellas a la Mara Salvatrucha o MS-13 y Barrio Azteca. La primera es salvadoreña y la segunda surgió en las prisiones de Texas y la mayoría de sus integrantes es de origen mexicano.
Trump señaló: “los miembros de la pandilla MS 13 están siendo deportados por la Patrulla Fronteriza y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) por millares, pero estos asesinos regresan de El Salvador a través de México, como agua”.
Wayne LaPierre, el presidente de la NRA, señaló: “sus leyes no han detenido la plaga de los opioides y el fenitalino chino que llega de México, que inunda las calles estadounidenses y causa víctimas todos los días en el país”.
En efecto, las pandillas y las drogas relacionadas con la amapola generan presiones al sistema de justicia, pero lo que ocurre en EU es un problema que responde a sus propias estrategias para combatir el crimen, las que suelen ser bastante cautas si se trata de su territorio.
Los pandilleros son los que venden las drogas en las calles y la mayoría está armada. Quitarles el negocio puede estallar una guerra y ningún gobierno ha estado dispuesto a ello.
La MS-13 opera en 42 estados y en el Distrito de Columbia. De acuerdo con análisis del FBI esta fuerza territorial no tiene un mando único, aunque los jefes radicados en Los Ángeles, California, suelen ser los más escuchados.
Su catálogo de fechorías es amplio, pero destacan los asesinatos, la prostitución, el tráfico de drogas y los delitos relacionados con la migración.
Los cárteles de las drogas contratan a pandilleros para hacer los más diversos encargos. Barrio Azteca es uno de los brazos del Cártel de Juárez y de La Línea. Sus actividades en la frontera de Chihuahua y Texas les permiten acumular dinero y experiencia.
Uno de los fugitivos más buscados es Eduardo Ravelo, el líder de Barrio Azteca, por quien las agencias federales ofrecen 100 mil dólares de recompensa.
En junio del año pasado uno de sus lugartenientes, Ricardo Valle de la Rosa, fue sentenciado a prisión de por vida.
Buena parte de la violencia que ha padecido Ciudad Juárez responde a disputas entre pandillas y a las relaciones que mantienen con otras organizaciones criminales.
Pero más allá de la furia de Trump, lo evidente, y lo saben en el gobierno estadounidense, es que los pandilleros son un problema que no han enfrentado con la eficacia debida.
Este artículo fue publicado en La Razón el 27 de febrero de 2018, agradecemos a Julián Andrade su autorización para publicarlo en nuestra página.

