Recomendamos también: Dos mafias, por Gil Gamés

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil repasaba los ecos del pleito entre el gobierno federal y El Joven Maravilla. Santas embestidas de la procuraduría, Batman. Liópez tomó la palabra en Baja California y con su habitual fluidez lingüística dijo: “Yo podría decir: celebro que se estén peleando, ¡pero no! Porque esto no es un pleito de niños, estos se llevan fuerte, hay constancia de ello. Es un pleito de mafia, vamos hablando en plata”. Liópez le pidió al PRIAN “de manera respetuosa que cuiden la estabilidad política y la paz social porque México ya los ha padecido a los dos, que no desaten al tigre”. Perspicaz y con gran intuición política, Gilga sacó las cuentas de Liópez: el PRIAN era una mafia del poder, si rompen, ¿qué tenemos?: dos mafias del poder. Ahora Liópez se enfrentará no a uno, sino a dos peligrosos grupos de políticos mafiosos.

Liópez: “Amenaza con meter a la cárcel a Peña Nieto, pero que antes nos diga cuántas veces se reunió en lo oscurito (…) ahora se quiere lavar las manos. Que diga primero qué los llevó a la ruptura. Qué compromisos hicieron que ahora no se están cumpliendo. En las mafias se hacen acuerdos y cuando no se cumplen se dan este tipo de pleitos (…) México tiene que saber qué se rompió entre ellos, porque Anaya se está saliendo del huacal, qué compromiso no se cumplió y por qué Diego Fernández de Cevallos y Carlos Salinas están con Anaya (…) no dudo que Salinas esté detrás de Anaya”.

Gil no entiende, Anaya se sale del huacal o sigue las instrucciones de Salinas. Qué complicado. Mejor lo sencillo: a partir de este momento Liópez se enfrenta a dos mafias del poder. Así queda arreglado el asunto no del todo aseado de que Peña Nieto y su equipo pudieran sentirse más amenazados por Anaya que por Liópez, que ha recogido toda clase de trayectorias y otorgado mil perdones.

El ciudadano y el rajón

Gil lo leyó en su periódico MILENIO, el ciudadano Meade le exigió a Anaya que “no sea rajón”. Además le espetó: “con 39 años y ese patrimonio. A su edad y con los cargos que ha ocupado no puede acreditar la vida y los derroches que ha llevado (…) A mí lo que me parece es que cada quien debe hacerse cargo de sus decisiones, y yo creo que vale la pena ser puntuales y contundentes. Cuando la gente hace negocios desde el gobierno, tiene que estar dispuesto a rendir cuentas sobre estos y no puede echarle la culpa de sus decisiones a ninguna otra instancia”.

Más información: http://bit.ly/2trNxgm

 

Autor

Scroll al inicio