Gina Haspel, la nueva directora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la primera mujer en ocupar el puesto, no sólo reabre sino que avala implícitamente uno de los capítulos más oscuros del espionaje estadounidense; la realización de torturas en la década pasada durante el combate contra el islamismo radical de Al Qaeda.
Haspel, de 61 años, dirigió una de las funestas cárceles secretas de la CIA donde supervisó la tortura de sospechosos de terrorismo y después participó en la decisión de destruir un vídeo sobre dichos abusos.
Ese pasado no le ha impedido el ascenso a esta veterana de la organización; hace un año fue nombrada número dos de la CIA y este martes el presidente Donald Trump la propuso como directora en sustitución de Mike Pompeo, nominado como nuevo secretario de Estado.
Pero para ser confirmada, la designación de Haspel deberá ser aprobada por el Senado lo que la obligará a testificar ante el Comité de Inteligencia y dar por primera vez explicaciones públicas sobre su papel en las torturas y la guerra contra el terrorismo. En teoría, la designación no corre peligro dado que los republicanos ostentan la mayoría simple necesaria para aprobarla en la Cámara Alta.
Lo que se da por hecho es que Haspel afrontará preguntas incómodas de legisladores, sobre todo demócratas. Por ejemplo, en 2013 cuando el entonces director de la CIA la propuso como jefa de operaciones clandestinas, la senadora demócrata Dianne Feinstein, entonces presidenta del Comité de Inteligencia, bloqueó la designación por su papel en el programa de interrogación a sospechosos de terrorismo. La CIA acabó proponiendo a otra persona para ese puesto.
(Con información de El País)
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