Una de las promesas más populares de Andrés Manuel López Obrador es aquella de que los jóvenes que quieran estudiar tendrán lugar. Todos.
El miércoles, durante la conversación que tuvimos con él, Jesús Silva-Herzog Márquez planteó algo que a mí ni se me había ocurrido pero me parece muy valiosa porque refleja cómo a veces estas promesas se topan con otras realidades que apreciamos y respetamos.
Cito partes del intercambio: “Los rechazados… tiene que ver con la autonomía de las universidades, dentro de la autonomía están sus criterios académicos, como por ejemplo establecer qué mecanismos tienen de selección. Que, desde la Presidencia de la República, desde el gobierno federal se le diga a la UNAM cómo debe aceptar o no alumnos es tirar a la basura la autonomía universitaria”.
—No, pero yo no me meto en eso, soy respetuoso de eso —dijo el candidato de Morena.
—Es respetuoso, pero ha dicho que no habrá rechazados, ¿de qué manera lo deben decidir las universidades autónomas o el gobierno?
—En conjunto.
—Pero por qué en conjunto, si son autónomas, no tiene que oír al gobierno federal la Universidad Nacional.
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