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El avión está por irse, y entre la gente que pasa arrastrando sus maletas, “Yahendry” fuma incansablemente.

Hace meses llegó a la Ciudad de México por la misma terminal por la que ahora se va con ojos llorosos. La crisis venezolana había puesto su vida de cabeza. Su pareja la abandonó cuando ambos se quedaron sin trabajo y sus hijos mostraron síntomas de desnutrición.

A través del consejo de dos clientas de la peluquería en la que había trabajado – quienes la convencieron de que para una mujer sola y con dos niños no había en Venezuela más salida–, “Yahendry” se dedicó a la prostitución.

Pero la crisis siguió y pronto “escasearon hasta los clientes”. “Ser dama de compañía dejó de ser negocio y se volvió más peligroso que nunca”, recuerda la joven de 28 años, mientras aspira una y otra vez su cigarrillo.

Relaté ayer que “Yahendry” le pidió a una venezolana que había conocido en Facebook –“Fabiana”– que la trajera a trabajar a México. “Fabiana” le pidió que mandara unas fotos para mostrárselas al “jefe”. El “jefe” las vio y estuvo de acuerdo. Le pagaron el importe del boleto.

Más información: http://eluni.mx/2pMa830

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