El obispo de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, no se arrepiente de nada ni se cuestiona sus encuentros con los narcotraficantes de la zona.
Es de la idea de que cualquier cosa que se pueda hacer por la paz “es bienvenida”. “Yo no tengo por qué pedirle permiso a nadie para hablar con quien yo crea que debo hacerlo, la Constitución me lo permite… no comparto la idea del gobierno de no hablar con las personas con quien estuve en los últimos días”.
Conversamos ayer con Salvador Rangel, quien tiene muy claras sus ideas sobre qué debe hacer como representante de la iglesia católica. Sabe que está en el centro de la atención pública: “nunca me habían buscado tanto los medios de comunicación, y eso que no es la primera vez que me encuentro con narcotraficantes”.
“Me reuní hace 15 días con dos de ellos y hace una semana con uno de ellos. Sí, los fui a ver en helicóptero, que no es de ellos, es de la comunidad, la cual me lo presta para poder llegar a las seis iglesias que tengo que atender. Si no fuera así tardaría en llegar más de 12 horas a cada una de ellas por las carreteras de terracería”.
A Salvador Rangel ni le inquietan ni atiende las declaraciones del titular de Gobernación, ni tampoco la del vocero del Gobierno de Guerrero. “Si ellos no dialogan es cosa de ellos, pero no me van a decir a mí qué debo hacer. Todo Guerrero está marcado por la violencia; en Chilapa, todo mundo se relaciona con ellos, aquí todo es diferente a como lo ven desde fuera. Uno se encuentra con los narcos porque están por todos lados. He bendecido iglesias, he bautizado y oficiado misas para ellos; hasta los he casado”.
El obispo se plantea una y otra vez en la conversación el tema de la violencia en el país. Rangel vive en medio de una situación que está al límite. Entiende que su entorno es complicado y doloroso, y sabe bien que no se vislumbran soluciones en el corto y mediano plazos.
Le preguntamos acerca de lo que pudiera pensar el Papa Francisco de lo que hace: “no he hablado directamente con él, pero hay un dato que me lleva a pensar que me apoya… en Ciudad Altamirano un sacerdote tuvo que dejar la parroquia y la ciudad debido a la violencia. El Papa me pidió que me encargara de la iglesia; supongo que por algo me lo pidió”.
Tiene una visión muy distinta de quienes han criticado su encuentro con los narcotraficantes. “La fortuna de los políticos se ha hecho con base en transas y cochupos, ¿quién es entonces más corrupto?, como que no hay mucha diferencia”.
Cierra la conversación dándole más fuerza a sus encuentros con los narcotraficantes. “No ha servido de nada la militarización, no se va a lograr más de lo que hasta ahora vemos. Para conseguir la paz estoy dispuesto a lo que sea; es mi deber y obligación como sacerdote”.
RESQUICIOS.
Así nos lo dijo ayer Justine Dupuy, de Fundar:
La aprobación en comisiones en la Cámara de Diputados de la Ley General en Publicidad Oficial confirma que no hay cambios, que se mantendrá la opacidad, que no habrá regulación ni rendición de cuentas. No se escucharon otras voces que las de los legisladores y las de los lobistas de los dueños de los medios de comunicación. El dictamen presenta pocos cambios, incluso en algunos casos hay retrocesos.
No hubo disposición alguna para discutir con la sociedad civil y ONG; la discusión simplemente no se abrió. Se va a seguir pagando desde el gobierno para controlar y condicionar. No se va a poder avanzar en democracia si no resolvemos de manera integral y escuchando a todos en este asunto.
Hace 10 años el Congreso debió discutir y regular la publicidad oficial; al no hacerlo, la Corte obligó al Congreso a que antes del 30 de abril fuera regulada. Lo están haciendo a la carrera, de forma acomedida y con pocos cambios.
Seguiremos sin responder de manera democrática e integral qué tipo de relación queremos que exista entre los medios de comunicación y el Gobierno.
Este artículo fue publicado en La Razón el 4 de abril de 2018, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.
