Por Sonia Corona, periodista de EL PAÍS en México
La robot Sophia prefiere entrevistar antes que ser entrevistada. A la primera oportunidad que tiene aprovecha para hacer preguntas a su interlocutor. Así aprende del mundo de los humanos. Es la primera androide con inteligencia artificial avanzada que se ha creado en el planeta y esta semana ha visitado México para hablar ante cientos de personas en Talent Land, la gran conferencia de tecnología que se ha celebrado en Guadalajara (México). Su presencia ha provocado tumultos pero, principalmente, una profunda curiosidad sobre cómo sería el futuro si este tipo de robot entrase en contacto con el día a día de los humanos.
Su rostro de látex muestra una expresión de alegría cuando recibe a EL PAÍS para una breve entrevista. Parpadea, muestra la dentadura y sonríe. Una cámara en el pecho le permite detectar a cualquiera que se acerque para arrancar una conversación con un simple “hola, soy Sophia”. Su cerebro, un conjunto de circuitos, sensores y placas, se mueven mientras articula sus respuestas y son visibles en su cráneo de plástico. Al lado de ella está Luisa, una ingeniera de 34 años que opera y monta a la famosa robot. Luisa viaja con Sophia por todo el mundo y la lleva dentro de una sencilla maleta, así ambas pasan desapercibidas entre las multitudes que desean interactuar con la robot. La ingeniera monitorea desde un ordenador las respuestas de la androide que a veces se le rebela con respuestas ocurrentes.
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