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Los primeros eventos electorales realizados por Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México dejaron la sensación de la existencia de una extraña relación de amo-siervo entre ellos. Una relación que sería mejor descrita en un cuento famoso de Tolstói, pero ubicado en la realidad contemporánea mexicana. Participaron en modestos eventos en Azcapotzalco y Miguel Hidalgo, con una coreografía similar.

AMLO hablaba de lo que se iba a lograr durante los próximos seis años en la Ciudad de México, como si él fuera candidato a jefe de Gobierno y no a la Presidencia de la República, mientras Sheinbaum, la “brillante” académica convertida en “yes-woman”, llamaba a votar por AMLO, no por ella, como si no fuera candidata, sino presentadora en el evento. Incluso, cuando Sheinbaum se atrevió a hablar en primera persona, lo hacía afirmando que todo su programa de gobierno sería repetir lo hecho por AMLO hace 18 años. ¡Gulp!

Hay que recordar que la elección en la Ciudad de México tiene una peculiaridad única y diferente al resto del país, porque al mismo tiempo que refrenda la hegemonía de la izquierda en la ciudad, también confirma la disputa entre sus dos proyectos (socialdemocracia y restauración populista). La ciudad está debatiendo la validez de ambos proyectos.

La restauración populista de Morena ya gobernó la ciudad 12 años, de 2000 a 2012, mientras que la socialdemocracia ha gobernado durante los últimos 6 años. Los tres años de Cuauhtémoc Cárdenas (1997-2000) fueron un fenómeno indefinido. Así divididas las cosas, es posible medir las propuestas y orientaciones de cada proyecto de izquierdas.

La restauración populista promete volver a gobernar como lo hicieron durante 12 años. Lo ha dicho la candidata Sheinbaum en los eventos donde se atreve a hablar. ¿Cómo gobernó AMLO? A dos días de haber asumido el gobierno, emitió el Bando 2, que le permitió cambiar los usos de suelo en la ciudad sin consultar a los ciudadanos. Esto desató un boom inmobiliario que ha afectado gravemente la calidad de vida de los capitalinos, inaugurando una era de corrupción en gran escala.

Como secuela directa, se construyeron los dobles pisos, un proyecto envuelto, hasta la fecha, en corrupción y opacidad que privilegiaba transporte privado sobre el público. En sus seis años no se construyó ni un metro de Metro.

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