Este arroz ¿ya se coció?

Al salir de la reunión plenaria de consejeros de CitiBanamex, Andrés Manuel López Obrador dijo, “este arroz ya se coció”. Francisco Tobías, director corporativo de Finanzas dijo que un eventual triunfo de AMLO el 1 de julio no les preocupa.

Las primeras encuestas que el candidato de Morena ha visto luego del debate lo mantienen adelante con amplia ventaja sobre Ricardo Anaya.

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El asunto de los departamentos heredados no registrados, no crece. Para Meade el tema es arma de doble filo, lo mismo puede exhibirlo desordenado o exponerlo como un rival ninguneado, que exige aclarar y le responden con burlón silencio.

AMLO sabe que ninguna falange empresarial dirá públicamente que tiene miedo ante su eventual presidencia. Son profesionales que circunscriben sus expresiones a lo racional, piden legalidad, certeza, perspectiva de largo plazo, condiciones propicias para invertir, responsabilidad económica y social. Poco más, nada menos. Hasta ahí López Obrador puede soñar, despierto, que este arroz ya se coció.

Pero al tiempo AMLO y los suyos observan cómo hombres de negocios, los más relevantes del país, emprendedores que generan millones de puestos de trabajo, que pagan miles de millones de pesos en impuestos; han comenzado a tener un rol más activo, externando perspectivas y preocupaciones tan legítimas como las de todo ciudadano.

Carlos Slim fue el primero con lo del aeropuerto que López Obrador quiere cancelar, un proyecto de infraestructura impostergable para México. Ayer Mexicanos Primero, con Claudio X. González al frente, lanzó un spot que aboga por la Reforma Educativa, niños que llaman a sus padres a votar por quien vele por una mejor educación.

Nombres no hay, dedicatorias sí. Nada indebido hay en manifestar, igual desde la iniciativa privada, que desde el activismo social, posicionamientos sobre asuntos de interés nacional. Eso es democracia participativa, eso es la plaza pública, eso es ciudadanía.
Los planteamientos de AMLO en estos y otros temas, son frases y consignas políticas, no proyectos de políticas públicas. Y sí gana aplausos y adhesiones.

Habla de miles de millones de pesos frescos y listos para repartirse producto del ahorro y probidad burocrática de una nueva clase, de su claque, las magnitudes presupuestales no cuadran, pero eso será, al final de cuentas, materia de aclaraciones y pretextos venideros.
Habla de consensar con Elba Esther Gordillo y la CNTE el nuevo modelo educativo y laboral para niños y maestros; habla de “justicia” en los contratos del gobierno con empresas, ignorando que los acuerdos son legales, o no lo son, pero ¿justos?, ahí acecha el autoritarismo, la arbitrariedad oficial, la incertidumbre jurídica, el caos que provoca discrecionalidad y nueva corrupción.

Este arroz no se ha cocido. En los próximos 63 días veremos nuevos spots, conferencias, candidatos y partidos construyendo puentes inéditos en aras de preservar una visión de país, un proyecto social y económico diferente del que AMLO habla, grupos sociales y políticos confrontados entre privilegiar fobias o ir por todo en alianzas tácticas y tácitas para ganar la Presidencia y no el segundo lugar de las encuestas.

A esta historia le faltan páginas por escribirse, aquellos que se oponen al moreno mayor y a quienes despectivamente llama la mafia en el poder, son capaces de mover, de incidir, de alertar y promover.

Estamos por ver la ecuanimidad o exabruptos de los que López Obrador es capaz, un gesto grosero, el ademán despectivo, otro desplante soberbio, la pifia producto del cansancio, de la presión permanente, el tropiezo verbal.

Decir que este arroz ya se coció, puede resultar estimulante para sus huestes, un mantra que el de Tabasco pronuncia frente al espejo, pero en democracia siquiera pensar que ya ganó, puede ser letal.

Que la tercera es la vencida es refrán, no sentencia, las encuestas fallan y, a decir de él, están cuchareadas, la suma de afectos es menos que la de desafectos, AMLO compite y los otros cuentan, suman y restan. Ha perdido, puede volver a perder. “Este arroz ya se coció” denota soberbia y eso, debilidad. Veremos.


Este artículo fue publicado en La Razón el 29 de abril de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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