En México la gente se pierde, desaparece, se disuelve, la vida de cualquiera puede terminar por estar en lugar y momento equivocados.
Tres jóvenes estudiantes de cine hacen tarea en una casa, propiedad de la tía de uno de ellos que resulta ser suegra de un malandro adscrito a un cártel confrontado con otro mayor; error, muerte.
Una familia con el automóvil averiado en distante sitio, pero igualmente equivoca el lugar, es violada y asesinada por una banda de huachicoleros. Tres italianos se esfuman de la faz de nuestra tierra. Sacerdotes. Estudiantes. Paseantes. En Puebla, Veracruz, Jalisco, Chihuahua, Tamaulipas, en Morelos…
Chueca o derecha, en México la gente se pierde, desaparece, se disuelve. 43 normalistas de Guerrero toman el camión equivocado, el cártel dueño de la ruta de trasiego de heroína que corre de Chilpancingo a Chicago sospecha de matarifes rivales infiltrados, los calcinan.
En México las verdades oficiales no se creen porque la fe pública en autoridades e instituciones se perdió, desapareció, se disolvió. En México los gobernantes no renuncian por fracasar, por incapacidad, por irresponsabilidad política, vamos, ni por vergüenza. Los vividores del dolor ajeno, de la causa militante de ocasión, hacen su agosto desde hace dos sexenios. En México la gente no tolera al mejor candidato presidencial, quiere al que encarne su enojo, frustración y miedo.
En México un candidato pirata propone cortar manos y dos días después, en Guerrero, dejan dos extremidades amputadas, un guiño. En México un rapero de poca monta se hace popular y también pozolero, disuelve cadáveres bajo pedido, entre mala rima y peor facha, QBA rifa en Facebook.
Al Estado se le puede reclamar falta de capacidad para contener la maldad humana capaz de todas las atrocidades imaginadas o no. Fusilamientos, colgados, degollados, amputados, quemados, disueltos. Pero el Estado no es un gobierno, son 33, son 33 Congresos, son más de dos mil 500 municipios, sus policías, nuestros jueces, ministerios públicos, incapaces, fallidos. Miedo porque cualquiera puede estar en el lugar equivocado y morir, desaparecer, ser disuelto.
Los asaltos sin contención en vías públicas, individuales o masivos frente a cámaras y más cámaras de videovigilancia, parecen ser la mejor de las suertes a las que uno pueda aspirar hoy día. Sin susto en primera persona o de familiar cercano, difícil creer que viva acá.
Miedo si la próxima estrategia nacional de seguridad interna es voluntarismo puro, si el siguiente plan parte de cero, si desconoce lo construido, si por miedo al fracaso, amnistía en lugar de perseguir, castigar e inhibir la barbarie actual.
Plantados. A los productores de leche del país, encabezados por Vicente Gómez Cobo, les quedó claro que, excepto Ricardo Anaya que sí acudió a su congreso, AMLO y Meade, confirmados, están lejos de poder escuchar, saber y proponer algo para su vital sector. Andan apurados entre encuestas que los suben y bajan.
Este artículo fue publicado en La Razón el 1 de mayo de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

