Crear empleos, combatir inseguridad y corrupción son los temas que a más gente le importa a 25 días de la elección. Ayer, la encuesta de El Financiero y el concentrado de Oraculus fortalecieron la alta probabilidad de López Obrador. Hoy, el encuentro del candidato puntero con el Consejo Mexicano de Negocios abre una válvula de alivio político-económico.
Ante la recta final, abreviada por el inicio del mundial de fútbol el 14 de junio, la democracia en México apunta hacia derroteros no deseados por unos, anhelados por otros. La idea de oponer candidatos competitivos ante López Obrador, desde PAN y PRI, se pudrió por la ambición de Ricardo Anaya y el desprestigio de una claque priista soberbia y corrupta. Quince años ininterrumpidos de campaña de AMLO están por darle el fruto que sus adversarios abonaron con divisiones e impunidad.
Por eso el diálogo hoy entre mexicanos es fundamental. La libre expresión de ideas (irremediablemente también de insultos, ya que para muchos la conversación pública se resume a porras o mentadas) debe tener garantías por parte de todos; de candidatos, voceros, del INE, empresarios, trabajadores, sindicatos, cúpulas financieras, iglesias, academia, periodistas, activistas, observadores, intelectuales y ciudadanos todos.
Que los empresarios externen sus preocupaciones ante un eventual triunfo de López Obrador es sano; que el candidato hable con ellos, directa o a través de personeros, también; lo mismo que Enrique de la Madrid defienda el modelo de economía abierta, desde una posición personal sin usar plataformas oficiales o que el prospecto a Secretario de Agricultura de AMLO, Víctor Villalobos, diga que la guerra comercial emprendida por Trump deja mal paArado ese modelo de apertura comercial a ultranza, y en cambio apuntala la idea de soberanía alimentaria; está bueno, aun si está mal.
El debate de los temas nacionales convoca a voceros, especialistas y observadores; articula argumentos, datos y ejemplos; exige capacidad para explicar y también para comprender; somete a la ciudadanía a un ejercicio inédito de racionalidad, de información, no sólo de propaganda.
Escuchar en medio de tanto ruido es complicado pero necesario; la polarización social no abona a mejorar la economía, la seguridad o a combatir en serio la corrupción; los tres ejes vertebrales que, según encuestas, nos ocupan.
España dio un vuelco político radical, a través de una alianza política socialista frágil y fragmentada, consecuencia de un escándalo de corrupción. En Brasil, el expresidente y candidato Lula da Silva está tras las rejas; la democracia carioca cruje ante su inestabilidad. En Italia, los escoltas de los que gobernaban, ahora y sin experiencia previa ni talentos probados, mandan. Europa enfrenta nuevos embates nacionalistas que presagian éxodo y reacomodos inéditos. Trump insiste en el rédito inmediato y mal estimado, pero, de consecuencias inevitables para México.
De aquí al 1 de julio, tantos debates como sea necesario y toda la participación ciudadana que sea posible.
Este artículo fue publicado en La Razón el 5 de junio de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

