En los temas de ánimo social todos seguimos medio bocabajeados. En la mayoría de las conversaciones sobre el país lo negativo supera por mucho a lo positivo. Nadie le pone buena cara a nada y a quien se atreve a hacerlo le ponen mala cara.
Sin duda hay excesos en todo esto, pero también existe una alta dosis de razón. Para donde miremos hay muchas dudas y muchos elementos adversos. Hemos ido perdiendo la capacidad de asombro y, sobre todo, de credibilidad. Nada nos parece y todo se ve oscuro, a veces con razón, y otras tantas por los ánimos en los que andamos, más allá de que las cosas tengan que ver con la terca realidad.
El proceso electoral está siendo visto más que como una esperanza, como la posibilidad de hacer a un lado a quienes nos han gobernado, al menos a los últimos. López Obrador está siendo visto como el instrumento para deshacerse de quienes no han sido capaces de construir un nuevo estado de las cosas.
Buena parte de los electores podría estar preguntándose si con López Obrador les podría ir peor de como les va y les ha ido, y de seguro la respuesta queda abierta, pero con la prevalencia de que se ha tocado fondo. El tabasqueño se ha convertido en el catalizador, a lo que se suma que su discurso se ve como antisistema, aunque muchas y muchos de quienes hoy son parte de su equipo sean la manifestación misma del sistema que tanto crítica y repudia.
López Obrador no va a resolver todos los problemas que tenemos, pero sí pudiera ser quien detone nuevas formas para enfrentar los asuntos que nos rodean y agobian. De ser el “peligro para México”, ha pasado a ser una especie de esperanza y, para algunos, una suerte de mesías.
Es el candidato a quien la gente ve más cerca porque además lleva haciendo años lo que hace. No se trata sólo de que lleve muchos en campaña y que se le identifique y reconozca (se calcula que cerca del 95% de la población lo conoce). La cuestión está en que, en general, la sociedad quiere ver cosas diferentes. Trae un hartazgo acumulado y tiene pistas claras de las razones a las que se debe.
Ésta puede ser una de las explicaciones por las cuales tiene el efecto teflón. Puede equivocarse o decir lo que sea y todo se le perdona, pero que no sea uno de sus adversarios quien lo haga, lo que incluye al Presidente, porque se le viene encima todo tipo de críticas.
Se ha presentado otro fenómeno estos días, algunos medios de comunicación se han empezado a acomodar ante lo que suponen o prevén que serán los nuevos tiempos.
A López Obrador se le han ido acomodando las cosas como nunca antes. Mucho tiene que ver el entorno, parece que puede avanzar y ganar casi sin mover un dedo.
Con López Obrador mucho de lo que hemos visto y vivido pudiera tener matices o, de plano, cambiar. De entrada esto anima a muchos que hace poco lo consideraban un “peligro para México”.
Con razón va ganando el hartazgo y el enojo.
RESQUICIOS.
Así nos lo dijo ayer Fidel Zorrilla, UNAM: Las elecciones son el teflón de fondo para ver las movilizaciones de la CNTE en la CDMX y en varios estados del país. ¿Cómo le hacemos los ciudadanos para entender estos asuntos? No hay otra manera de hacerlo de no ser vía las elecciones.
El planteamiento de la CNTE, de oponerse a la Reforma Educativa, no casualmente se hace en este momento, bien pudieron haberlo hecho hace algunos meses; sus objetivos están claros.
A la gran cantidad de variables que vive el país, en lo interno y externo, se está sumando la propuesta de uno de los candidatos de derogar la Reforma Educativa, lo que fortalece la posición de la Coordinadora.
Con los estándares modernos la escuela no le está sirviendo a la mitad de los estudiantes; éste es el gran reto a enfrentar. Se tiene que abrir un espacio de reflexión sobre lo que se ha hecho, más que destrozarlo.
La solución no está en la garantía de que una persona pueda resolver todos los problemas.
Este artículo fue publicado en La Razón el 6 de junio de 2018, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.
