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No sé quién fue el negociante, el mentiroso, el puritano, el intrigante o todas esas cosas juntas, que filtró a la prensa la existencia de la fiesta que se organizaron los miembros de la selección mexicana de futbol, luego de su partido de despedida en México con Escocia.

Espero, llanamente, que la fiesta haya estado mejor que el partido. La secuela de prensa que siguió no merece otra cosa que el silencio. No así la declaración del técnico Juan Carlos Osorio, quien dijo a ese respecto la única cosa clara que le he oído decir, y la única en la que no solo estoy de acuerdo, sino totalmente de acuerdo.

Dijo el señor Osorio, rehusando a la vez toda hipocresía y todo puritanismo: “Yo estuve de acuerdo con la reunión. Llevábamos 19 días de concentración y era importante… a solicitud de los jugadores, que tuviéramos ese tiempo entre ellos. Era su tiempo libre. Valoro que siempre hubo honestidad de parte de nuestros jugadores con nosotros, de decirnos lo que iba a pasar y estuviéramos de acuerdo”.

Andrés Guardado habló también con celebrable claridad. Dijo:

“Antes que jugadores de futbol somos personas y tenemos derecho a hacer con nuestra vida lo que queramos en nuestros tiempos libres… No hemos hecho ningún acto de indisciplina, porque no estamos dentro de una concentración y eso nos deja muy tranquilos”.

Los jugadores cerraron filas con Herrera, cuya familia se incomodó de más con el chisme de la prensa.

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