¿Quiénes perdieron en la jornada electoral?

Hoy será un largo día para la política mexicana, en particular frente a los resultados que arroja la jornada electoral de ayer en el Estado de México. Sobre la base de que aún falta la calificación de las elecciones, puede decirse quienes perdieron:


1. Está derrotado el discurso que habla del pueblo y no de la sociedad diversa y plural, por ello también perdió quien divide al país entre buenos y malos. Hay preferencias políticas y ninguna debe ser descalificada.


2. Perdió Andrés Manuel López Obrador: su excesivo protagonismo en el Estado de México -por encima incluso de la candidata- y su desdén para aceptar alianzas con las otras fuerzas de izquierda, porque él promovió tarde y mal que estas fuerzas se rindieran ante Delfina Gómez.


3. Esta es una paradoja: perdieron las tribus del PRD pero el partido ganó a través de un candidato que refrescó el intercambio público y realizó una excelente campaña, incluso para enfrentar las descalificaciones del líder de Morena. Aunque navegó siempre a contra corriente, primero por la tardanza para que el PRD eligiera candidato, luego por la falta de apoyo económico y político de parte de las corrientes y por ello a Juan Zepeda ya no le alcanzó para más.



4. Perdió el PAN. En el Estado de México porque en Nayarit y Cohauila dio una competencia formidable, tanto que los resultados oficiales le podrían significar grandes victorias. Pero en el terreno mexiquense es claro su error al seleccionar a Josefina Vázquez Mota y también lo es no haber corregido a tiempo en la campaña e incluso en asumir con seriedad la posible declinación en favor del PRD. Relegado al cuarto lugar, el PAN, igual que el PRD y Morena están obligados a pensar muy seriamente en la figura de las coaliciones.


5. Pierde el PRI, más allá de los resultados en todas las entidades en donde podría mantener dos gubernaturas, su discurso está desgastado además de su contraste tan marcado con su ineficacia en el gobierno. En particular en el Estado de México, ganó la maquinaria electoral, tan aceitadas durante décadas, y su corporativismo, no su candidato tan superficial y acartonado; ganó también porque su triunfo es una prioridad para el gobierno federal rumbo al 2018 -y en las irregularidades en que para ello incurrió están buena parte de los argumentos de Morena para impugnar la elección e incluso promover que se anule (tengamos en cuenta lo que ocurrió en Colima, donde se repuso el proceso).


6. Finalmente, estoy seguro de que perdieron los medios de comunicación oficialistas y militantes. Sus sesgos y omisiones informativas fueron exhibidas porque en el intercambio público no hay distorsión que no se señale y porque, aunque la cultura democrática es frágil e incipiente, los ciudadanos no aceptaron órdenes o prédicas sobre por quiénes votar o no, y optaron por la que consideran la menos peor opción entre las que se le presentaron, aunque desde esa misma óptica sacerdotal sea regañada en estos días. Desde el oficialismo es claro que se desestima la fuerza de Morena y desde el periodismo militante también es diáfano el menosprecio de las opciones que no le incentivan sus intereses o sus convicciones políticas.


Celebro esas derrotas porque significan la oportunidad de mejorar la calidad de la democracia mexicana.

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