El tiempo detenido entre Puebla y “María Candelaria”

La historia transcurre fuera de la ciudad de México, en una región de campesinos donde impera la ley de la turba.

Cerca de las nueve de la noche se reúnen varios pobladores, cinco, diez, y minutos más tarde ya son alrededor de 80 personas enardecidas. Tienen el rostro desfigurado y en la mano una antorcha para quemar a la hija de una prostituta que, por eso, tenía su reprobación y que, por modelar desnuda para una pintura, no merecía vivir según la ley del pueblo.

Los pobladores la golpean brutalmente, le arrojan piedras, la quieren desfigurar y luego quemar viva mientras sus insultos y las llamas ahogan sus quejidos. Es “María Candelaria”, una de las cien mejores películas mexicanas según un catálogo hecho por expertos; filmada en 1943, el director fue Emilio “El Indio” Fernández y la fotografía se Gabriel Figueroa. Pocos saben que la historia se escribió durante una noche, garabateada en servilletas de papel y que fue la primera cinta en exhibirse en la primera ocasión también, en que ocurrió el Festival Cinematográfico de Cannes, en 1944.

75 años después, no son Dolores de Río ni Pedro Armendáriz (a quien el cacique del pueblo encarceló) las víctimas del prejuicio y el olvido de la ley, las víctimas son en serio dos campesinos inocentes, Alberto y Ricardo, que fueron quemados vivos en Puebla, linchados, como tantos otros durante estos años.

Es como si el tiempo estuviera detenido y se empecinara en mostrarnos todo de lo que es capaz la miseria humana, escrito como en servilletas de papel con tinta indeleble.

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