El Partido Verde Ecologista de México, sabiéndose aliado del poderoso en turno, quiso hacer de las suyas.
Más temprano que tarde se acomodó. Ya está con López Obrador.
El Presidente Electo cobijó a sus miembros. A varios allegados de antaño del eje Tabasco-Chiapas.
Luego que, en segundo intento, los senadores aprobaron la licencia de Manuel Velasco para regresar a la gubernatura y que cinco diputados del Verde se pasaron a las filas de Morena, Andrés Manuel fue al sureste y se tomó la foto con Velasco Coello.
¿Y el cambio? ¿Se lo llevó el tren (maya)?
Lógicamente, los cuestionamientos recayeron más en AMLO que en el PVEM. Hasta que este último estiró la liga.
Una vez que Velasco volvió al trono chiapaneco, 51 mujeres renunciaron a cargos que ganaron en las urnas.
¿Llegarían en su lugar los varones cercanos al mandatario? Ahí estaba muy apuntado su asistente, al que cacheteó en diciembre de 2014 en evento público, Luis Humberto Morales Paniagua.
¿En dónde quedaría la voluntad ciudadana expresada democráticamente? ¿Serían capaces ahora de violar el principio constitucional de paridad?
¿Legisladoras y regidoras del estado soportarían violencia política por razones de género? No es la primera ocasión que ocurre.
Lo que mal calculó el grupo del tucán fue la reacción de la sociedad, de congresistas y de integrantes de institutos electorales.
En San Lázaro, diputadas de diversas fracciones tomaron la tribuna. Los señores también se unieron al #NoSinMujeres #ParidadEfectiva. Retumbó el recinto.
Por su parte, el presidente del INE y las consejeras actuaron rápido. Adriana Favela, Pamela San Martín, Claudia Zavala, Dania Ravel y José Roberto Ruíz volaron de inmediato a Tuxtla Gutiérrez.
Y en una decisión sin precedente, este órgano autónomo ejerció su facultad de atracción para establecer un criterio vinculante de carácter general. De manera tal, que mujeres votadas en cargos de elección popular no cedan sus lugares a hombres.
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