El Congreso es el primer poder en funciones del futuro gobierno. Sus maneras iniciales deberían prender un foco de alerta.
Si así de impositivo y apresurado va a ser el nuevo gobierno, empezará a cumplir muy pronto los peores augurios que se han hecho sobre su talante autoritario.
Morena nos ha dado en la Cámara de Diputados una velocísima demostración de cómo hacerse, sin votos, mediante el cambio de chaqueta de los diputados, de una mayoría absoluta.
El INE dio 191 diputados a Morena, de acuerdo con los votos recibidos. Pero Morena tiene hoy una bancada de 252, uno más que lo necesario para tener sola, sin sus aliados, la mayoría absoluta en la Cámara.
¿Cómo lo hizo? Con una negociación ajena al voto recibido de los electores. Pidió a sus simpatizantes electos con las siglas del PT y del PES que se cambiaran formalmente de casaca, y se hicieran parte de la bancada de Morena.
Hecho esto, le faltaban 5 diputados para obtener la mayoría absoluta (250 +1). Encontró a esos cinco en el Partido Verde, quien se los cedió a cambio de no sabemos qué, aparte del sainete parlamentario que le autorizó a Manuel Velasco, gobernador con licencia de Chiapas y senador electo por Chiapas, que pudiera tener licencia como senador recién electo para volver a su cargo de gobernador con licencia que le guardaba un gobernador interino puesto y quitado por él, para terminar su periodo de gobierno de tres meses, transcurridos los cuales volverá al Senado.
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