“Que suene más fuerte la banda que esta noche pienso seriamente emborracharme”, o algo así pudo haber gritado alguien, digamos que un diputado panista a sus demás compañeros, en enero de 2014, allá en una bonita casa de Puerto Vallarta
La mansión se llama Villa Balboa, los chicos legisladores solo quieren divertirse con mujeres que contrataron para ello como parte del solaz que sus intensas actividades comprenden, es decir, planear la agenda legislativa del partido.
Suena duro la tambora con diputados de Guanajuato, San Luís Potosí, Nuevo León, Sonora y Sinaloa, y otros funcionarios de la fracción parlamentaria (“tu, turú, rururú, tu, turú…”)
“¡Ánimo Montana!” le grita una mujer a una bailarina de nalgas turgentes y brazos trepidantes (los medios le dicen “glúteos” a las virtudes de aquella profesional, acaso para hacer “la nota correcta” frente al frenesí). “Dipu-tables”, es el término más empleado así como para resaltar la gran imaginación de los editores, ah, y su buen comportamiento miren ustedes a Reporte Índigo: los legisladores “se embriagaban e involucraban con bailarinas de table dance hasta llegar a las sábanas”
(“Tu, turú, rururú, turú…) Circulan cervezas frías, humo de tabaco, camisas desabotonadas y, acaso sobre todo, sonrisas.
–¿Cuánto dura el amor? –pregunta un legislador a su líder, Luis Alberto Villarreal, que baila sin decir nada, atento a planchar con las manos la falda de “Montana”. Y entonces responde a sí mismo el legislador que preguntó:
–¡Lo que dura dura!, y celebra la ocurrencia sintiéndose tan brillante como los editores que le llaman diputable.
Y la fiesta siguió y siguió, aquella promovida por un video que alguien proporcionó al portal antedicho para el golpe político que detonó el 11 de agosto del mismo año, y esa otra que no tiene freno alguno para propalar material que no tiene más efecto que el sensacionalismo y el descrédito frente a la doble moral.
Si los militantes del PAN tan seriecitos y persignados en público gastaron sus centavitos para bailar un poco y dormir o pernoctar con mujeres, es un asunto suyo igual que la penitencia de tres o cuatro Padre Nuestro que reciban más dos golpes de pecho. Pero la pregunta es si no lo hicieron con los recursos del erario. Bueno pues aquí está la respuesta pasado el tiempo:
“Tu, turú, rururú, tu, turú…”