Por su amor prodigado a tiranos y populistas, era de esperar que Marcelo Ebrard festejara sus dos años de autoexilio con un tuit de apoyo a la violación de la separación de poderes, el asesinato de opositores en las calles y la eliminación de las libertades individuales, de Nicolás Maduro en Venezuela.
Porque su tuit más reciente fue uno, del 26 de noviembre pasado, para dolerse por la muerte de quien estuvo en el poder durante 58 años sin hacer elecciones: “Deja gran legado Fidel Castro al pueblo cubano y a nosotros la lección de la dignidad nacional indispensable en estos momentos”.
Pero no: Ebrard hizo mutis mientras cumplía ayer dos años fuera de México, cercado por reclamos del gobierno federal, porque nunca pudo acreditar el gasto de 489 millones 422 mil 377 pesos que le fueron facilitados por la administración de Felipe Calderón para construir la Línea 12 del Metro.
El affaire Línea 12 estalló tras una investigación en la ALDF y la Cámara de Diputados, que detectó sobreprecios, falta de dictámenes técnicos e irregularidades, por haber inaugurado la obra un mes antes de abandonar el GDF, aun faltándole 34 escaleras y con rieles incompatibles con los vagones.
Sin embargo, algunas de las denuncias contra el Jefe de Gobierno de 2006 a 2012 indicaron que el costo de la Línea 12 superó los mil 600 millones de dólares, mientras que la bancada panista en San Lázaro elevó la cifra del desfalco hasta los 50 mil millones de pesos.
Con la aplanadora encima, Ebrard intentó gozar de fuero constitucional: buscó ser diputado en las elecciones de 2015 hasta por Movimiento Ciudadano, pero el Tribunal Electoral le revocó el registro que le había otorgado el INE. Al saberse sin posibilidad de fuero… se fue a París.
Desde entonces, las noticias sobre Ebrard han sido una novela por entregas: en algún momento la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda congeló las cuentas de su exesposa Mariagna Prats, por posible vinculación con cooperaciones financieras con recursos de procedencia ilícita.
También se las llegó a congelar a la empresa que le renta en la CDMX a Ebrard (en 80 mil pesos mensuales) una casona del Porfiriato, catalogada por el INBA como de “valor histórico”, con jardín vertical, alberca climatizada, vapor, elevador y roof garden.
Su hermano Eugenio fue incluido en el fraude fiscal del banco HSBC, según reveló Swissleaks: era directivo de Walmart, que, siendo Ebrard Jefe del GDF, cuadruplicó sus tiendas aquí y pagó 24 millones de dólares en sobornos, según NYT.
Pero en México no existe acusación oficial contra Ebrard. Así que debería volver. Morena necesita un poco de lustre.
No sólo de oportunistas de quinta puede vivir un partido.
Este artículo fue publicado en La Razón el 04 de mayo de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
