Recomendamos: Diamantes vivientes, por Gil Gamés

Nadie sabe si la artista alternativa Jill Magid fue sometida durante su tierna infancia (ah, una voz pasiva) a la publicidad de los diamantes De Beers: “Un diamante es para siempre”. El caso rotundo es que le pidió a la familia de Luis Barragán unos puños de las cenizas del artista y mediante procedimientos químicos y físicos del carbono, o como sea que sea, los metió en un diamante montado a su vez en un bello anillo de oro. Esa es una de las obras que Magid ha presentado en la exposición que se ha inaugurado en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo: Una carta siempre llega a su destino.


¿Un anillo de dos kilates con un diamante es una obra de arte? Con la pena, pero no es arte ni cosa que se le parezca. Una joya, sí. Los curadores, los críticos y los conocedores dirán que Gamés se encuentra desencaminado. De la misma forma, Gilga siempre ha pensado que un plato de chilaquiles no es arte, ni un pedazo de caucho podrido, ni la tierra de un cementerio. Gil ha guardado durante mucho tiempo un cepillo de dientes viejo, ¿eso es arte? Ah, el arte alternativo.


Cristales


Ahora mal sin bien, a Gil le gustaría un anillo que encerrara a una parte de su madre. Y le hablaría: mamá, ¿cómo te sientes allá adentro del diamante? ¿Un poco sola? Lo entiendo, mami, pero nadie regresa de la muerte, así que hablaremos por este medio un poco incómodo, como los telegramas antiguos: te quiero. stop. mamá. 1. felicidades en tu onomástico.  


Más información: www.milenio.com

Autor

Scroll al inicio