Sábado y domingo se hizo un escándalo en redes por la portada de la revista Proceso. Hubo quien calificó de “traición” la cabeza y la entrevista, que cuestionan el proyecto político de Andrés Manuel López Obrador.
Se trata de un texto del periodista Álvaro Delgado basado en una conversación con el constitucionalista Diego Valadés. Le pregunta:
–¿Prevé que López Obrador gobierne a capricho?
Valadés contesta:
–A mí no me preocupa eso. A mí me preocupa una persona sola enfrentada a una constelación de intereses; entonces estamos destinados a naufragar. Para que tenga éxito el Estado mexicano en esta nueva etapa, sí, el Presidente debe ser el que encabece; es Presidente, preside; es Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, pero si no se fortalece toda la estructura del poder del Estado, entonces no tiene nada que hacer.
Más adelante, el abogado dice:
“Para que [AMLO] tenga éxito, se necesita que quienes gobiernen sean las instituciones políticas muy sólidas; y entonces sí, a pesar de que estemos actuando no contra un poder económico nacional sino contra poderes económicos de todos los niveles, incluyendo los internacionales, cuando tengan enfrente no a una persona, sino a un Estado con instituciones muy poderosas, las relaciones van a cambiar”. […] “Si realmente se quiere independencia del poder político frente al poder económico no es a partir de construir a un personaje que se enfrente a un sistema de poder económico: es construyendo todo un sistema institucional que le dé robustez a ese poder político. De otra manera, lo que intenta hacer se van a quedar en declaraciones y actitudes personales, no en cambios institucionales”.
Yo he escuchado exactamente las mismas preocupaciones entre simpatizantes de Morena; incluso de miembros de Morena. Exactamente las mismas observaciones. Es una preocupación de muchos que Andrés Manuel base su Presidencia en él, y no en instituciones robustas. ¿Qué pecado hay en eso? ¿No nos sirve, a todos, tenerlo claro y estar atentos? ¿No le sirve ese texto incluso a Morena y al Presidente electo para mejorar o al menos para pulsar a un segmento de la sociedad que tiene sus dudas y preocupaciones?
La reacción, sin embargo, fue atacar al mensajero (Álvaro) y acusar a Proceso de “medio chayotero”. Siendo crítico (y no es mi intención darle lecciones a nadie), a la portada le faltó la atribución: un “dice Diego Valadés que…”; lo mismo que en la cabeza de interiores; no es la más correcta. Se les fueron tres o cuatro afirmaciones sin atribución. Y somos gente que no lee los textos y se queda en las cabezas y en las fotos. Pero el texto no tiene problema. Es Diego Valadés y ya. Critica a AMLO y ya. Es Álvaro Delgado entrevistando a Diego Valadés y ya. Los medios y las voces críticas robustecen la democracia.
Pero si Proceso es ahora un “medio chayotero” o un “medio traicionero” porque critica a AMLO, ¿entonces los no-chayoteros serán los que, por oficio, se pongan a los pies del nuevo Jefe del Estado mexicano, como lo hicieron con Fox, con Calderón y con Peña? ¿Ese es el tipo de medios que aplaudirán? Si es así, pues vamos de reversa. Qué sigue, ¿no dejar a Álvaro entrar a Palacio Nacional y castigar a la revista con la publicidad oficial, como lo hicieron casi todos los presidentes desde Luis Echeverría? ¿Por eso no han tirado la Ley Chayote, para usar otra vez la publicidad como garrote y zanahoria? ¿Prefieren medios afines que cierren la boca y extiendan la mano?
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