Un barbudo escritor de aspecto bonachón, con camisa de cuadros, tirantes y gorra de viejo lobo de mar ha conquistado desde su casa de Santa Fe (Nuevo México)el trono que en su día fue de Tolkien. Quién se lo iba a decir al George R.R. Martin de 1991, aquel que empezó a escribir lo que iba a ser una trilogía sin muchos visos de convertirse en un éxito mundial. Con ella confiaba resarcirse de su frustrante paso como guionista por un Hollywood por entonces ciego, sordo y mudo ante el enorme potencial de su talento narrativo.
Ahora, casi 20 años después, Canción de hielo y fuego es un hito de la literatura fantástica, y su adaptación a la pequeña pantalla reina con puño de acero valyrio sobre el resto de la producción televisiva. En internet corren ríos de tinta digital con análisis y teorías, a cual más disparatada, mientras hordas de fans cuentan las horas, minutos y segundos que quedan hasta el próximo chute de intrigas palaciegas, batallas cruentas y danzas de dragones. Mientras tanto, el escritor continúa expandiendo su universo con la publicación el próximo 20 de noviembre de Fuego y sangre (Plaza & Janés), una suerte de enciclopedia sobre los Targaryen. Por su parte, HBO acaba de compartir el primer tráiler de su octava y última temporada, que se estrenará en abril.
«Cuando comencé, no sabía qué demonios tenía entre manos», reconoció el propio Martin en una entrevista con The Guardian. «Lo primero que me vino de la nada fue ese capítulo en el que se encuentran a unos cachorros de lobo en la nieve. Entonces comencé a explorar estas familias y el mundo empezó a cobrar vida. No fue una decisión completamente racional, pero los escritores no somos criaturas completamente racionales». Así se creó ese universo medieval sucio y violento, poblado por un puñado de casas nobiliarias dispuestas a todo tipo de atrocidades con tal de hacerse con el Trono de Hierro.
Martin ya poseía un cierto estatus entre los aficionados al fantástico, gracias a sus incursiones en la ciencia ficción y el terror y sucesivos premios Nebula y Hugo, los Nobel del género. Relatos cortos aparte, Juego de tronos suponía su primera gran apuesta por la fantasía épica. Lector compulsivo, nuestro héroe se había empapado de la obra de Tolkien y Robert E. Howard, el creador de Conan, pero también de ensayos y novela histórica. Para Manel Loureiro, periodista, autor de la serie Apocalipsis Z y uno de los abogados de Martin en España, una de las claves del éxito de la saga es precisamente «el mestizaje, la hibridación de géneros. ¿De qué va Canción de hielo y fuego? De magia y batallas, de geopolítica, de ambición y romance… Es la suma de todo eso lo que lo ha hecho irresistible».
Para Emilio Bueso, referencia española del género fantástico gracias a títulos comoTranscrepuscular (Ed. Gigamesh), el patrón oro estaba ahí desde el principio: «Es una historia crudelísima y a la vez espectacular e impredecible, por lo que el morbo está servido. Los niveles de sexo y violencia que contiene escapan a lo que el gran público espera encontrar en una fantasía épica al uso». Más allá de violaciones, incestos y sexo explícito, el shock que supuso para el lector/espectador presenciar cómo los personajes iban cayendo como moscas fue la confirmación definitiva de que estábamos ante algo distinto. A veces parece oírse incluso su risilla sardónica mientras envenena, quema, ahorca, decapita, degüella y destripa a miles de habitantes de Poniente y Essos. ¿Quién será el siguiente? Existen pocas drogas narrativas más potentes que la incertidumbre.
Cuando se publicó Festín de cuervos, tercer tomo de la saga, el fenómeno ya tenía visos de ser global. El primer puesto en la lista de los más vendidos de The New York Times era un hecho, las traducciones y ediciones fuera de EEUU, una epidemia. Había llegado la hora de dar el definitivo salto mortal gracias a la plataforma televisiva más prestigiosa, HBO. Martin, viejo zorro, se reservó el papel de coguionista y productorde la serie, para que su criatura conservara el espíritu del original. Cuando Tyrion Lannister, Jon Nieve y Daenerys Targaryen cobraron vida en la pequeña pantalla, nada volvió a ser igual. La fiebre había llegado para quedarse.
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