Recomendamos también: “La prisa, prisea”, por Héctor Aguilar Camín

“La nada , nadea”, decía mi amigo José María Pérez Gay que le había oído decir a un escéptico lector de El ser y la nada, de Jean Paul Sartre. Era una manera de sugerir que el existencialismo todo era una tautología: concedida la existencia de La Nada, todo podía asomarse a ella, menos la realidad, que era la pura y dura negación de la nada. La realidad podía ser imperfecta y miserable pero era.

La prisa prisea, digo yo, como una manera de decir que la prisa, como la glotonería, son más rápidas que la realidad y tienden a atragantarse con ella. Este es el espíritu de las respuestas a la entrevista que Hugo García Michel me hizo para la edición en español de Los Angeles Times, de la que recobro aquí algunos pasajes.

Porque hemos visto a un gobierno electo con mucha prisa, un gobierno “más activo que la actividad”, como decía otro clásico anónimo, con apresuramientos erráticos.

Ningún Presidente electo de México había tenido tanto control de los meses de su transición al poder, ninguno había ejercido tanto ese poder, desapareciendo de hecho al gobierno en funciones.

Ninguno tampoco había tomado, antes de asumir la Presidencia, decisiones tan serias, y tan caras, como la de cancelar el nuevo aeropuerto. El poder anticipado del nuevo gobierno le ha traído costos anticipados también. Ha gastado parte de su luna de miel con la opinión pública y con los poderes reales antes de que empiece formalmente su mandato.

Más información: http://bit.ly/2Q6XwCb

Autor

Scroll al inicio