Por transparencia con los lectores debemos advertir que Razón Pública es, de algún modo, parte de esta historia. Pero la historia misma es del más alto interés para todos los lectores.
Omar Rincón*
Problema de dinero
Mientras que los medios de comunicación clásicos como la prensa impresa, la televisión y la radio tienen una recepción más baja cada día, los medios digitales atraen más lectores semana tras semana, pero financiarlos es más difícil que nunca.
De esta manera el periodismo libre parece un imposible en nuestros tiempos. Si la falta de audiencia tiene a los medios en la mala, la falta de recursos económicos ha condenado al periodismo libre a desfallecer lentamente.
¿Cómo sacarlo de su agonía? ¿Cobrándoles a los lectores, acudiendo a campañas de crowdfunding, recurriendo a la financiación oenegera?
¿O acaso con periodismo mascota, periodismo militante y periodismo carroñero?
La muerte del periodismo
La crisis mediática se puede explicar por cinco causas:
- Una nueva cancha para jugar. La transformación de la ecología de medios con la llegada del internet, las redes, los teléfonos inteligentes, las aplicaciones y las plataformas. Los medios de referencia dejaron de ser el centro de la información y el entretenimiento. Ahora la prensa, la radio y la televisión son el margen y las redes y las plataformas el centro.
- No hay cama para tanta gente. La publicidad, el modo tradicional de financiación, se diversificó gracias a la llegada de los medios digitales. Hoy en día prima el BTL (Below the line), es decir, el mercadeo a través de plataformas no masivas de comunicación –como eventos y redes sociales– dirigido a segmentos específicos de la población.
- Likeame, Seguime, Quereme. Los medios quieren que los quieran, es decir, que los sigan en redes y los compartan masivamente. Para ganarse ese “amor”, hacen lo que sea: presentar fake news, pasar vídeos de gaticos y perritos que enternecen (¿y entorpecen?) a la audiencia, abusar de la sangre, las lágrimas y el semen para complacer el morbo del público; darle visibilidad a los atarbanes y bullies de la política, etc. En efecto, todo esto les ha permitido ganar más likes, pero también los ha convertido en plataformas triviales que le hacen gala al chisme y a la risa fácil, pero le dan la espalda a la información confiable y el análisis sereno.
- Ser político y periodista da lo mismo. Atrás quedaron los tiempos cuando los periodistas eran el contrapeso del poder, pues cada vez es más común que sean aliados del gobierno, lo que despierta suspicacias sobre su criterio, independencia e imparcialidad. Por eso resulta paradójico –y desvergonzado– que esos mismos periodistas exijan que no haya conflicto de intereses entre jueces, políticos y empresarios.
- El periodismo y los medios se divorciaron. Para sobrevivir financieramente, muchos medios optaron por recibir “ayudas” de políticos y empresarios que imponen sus líneas ideológicas a cambio del dinero que donan. Esto hizo que los pocos periodistas independientes que quedaban se vieran obligados a refugiarse en libros, blogs y portales de internet. En definitiva, los medios dejaron de hacer periodismo para dedicarse al lobby político y al show del like, el trending y el clickbait.
Todo esto ha conducido a que a la crisis económica que experimentan los medios, se le sume la crisis de credibilidad y legitimidad.
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